Noveno Pincelazo: Sociedad Deportiva Atlanta - Ecuador.
Seguimos avanzando. Hay cientos de historias que vienen a mi mente, pero por amor a los a los lectores de este blog, daremos un acelerón en el tiempo, ya que a este paso necesitaré por lo menos cien años más para contar los cien primeros y creo que eso no va a ser posible.
Una vez en Quito, seguí mi formación y me de gradué de contador, como mi papá. En realidad nunca ejercí la profesión en su totalidad, ya que mi verdadera vocación era y sigue siendo las ventas. Por cierto, si alguien está buscando un vendedor con experiencia, le puedo hacer llegar mi curriculum vitae sin ningún compromiso. 😉
Ejercí como auxiliar de contabilidad en la conocida empresa de agua mineral "Güitig", una empresa con más de 100 años. Siempre es interesante ver la historia de tantas marcas que fueron parte de mi historia.
En este punto debo ser honesto y reconocer que la juventud y la afición por el deporte, en mis primeras etapas de la vida invertían mi escala de prioridades y aunque fui educado para cumplir mis compromisos de palabra y con acciones, la visión muchas veces distorsionada por creer que la juventud es eterna, hizo que no le diera tanta importancia a ciertas cosas que eran realmente importantes para mi futuro. Echando a perder se aprende dice el dicho y creo que todos hemos pasado por ahí.
La afición por el futbol en mi vida ha sido muy marcada como lo he dicho tantas veces. En 1947 la novedad del momento fue la inauguración en Guayaquil del estadio "Capwell" de un equipo al que siempre le he tenido especial afecto: el Emelec. Esta inauguración fue especial porque era el primer estadio con iluminación lo que permitía desde entonces, celebrar partidos al caer la tarde o ya entrada la noche. A la par, en Quito se había organizado un Congreso Eucarístico en el Estadio El Arbolito y se aprovechó el evento para iluminar este estadio en Quito también. Aunque la verdad no fue lo exitoso que se hubiese querido. No era práctico y las sombras inoportunas complicaban los partidos. Narro todo esto porque se me ocurrió la gran idea de que podíamos jugar por las noches con pelotas forradas de blanco para que se pudiesen ver en la obscuridad. Jugábamos en la ciudadela México al caer la tarde. Es bueno saber que Quito está en la mitad del mundo y el atardecer todo el año es más o menos siempre a la misma hora, entre las seis y las siete de la tarde. Entra en esta historia mi querida hermana Gladys, con la que tuve una relación muy cercana y era mi "compinche" para muchas cosas relacionadas con el fútbol y otras más.
La estrategia técnica era la siguiente: Gladys forraba dos pelotas diarias con material blanco para poder distinguir la pelota en la penumbra. Jugábamos en la pista de tierra de una cancha de baloncesto. Las pelotas se ensuciaban tanto que al día siguiente mi hermana las descosía, las lavaba y las volvía a coser para que esté lista para el siguiente partido. Toda una tarea de arte manual, para lo que ella era muy hábil. En realidad todo esto a la larga sirvió para dos cosas: muchos más muchachos del barrio se fueron sumando y nos integramos con ellos mientras nos conocíamos entre partido y partido. La otra cosa importante fue que estos encuentros me sirvieron de vitrina para que el equipo de fútbol local Atlanta me viera jugar y al poco tiempo me invitasen un domingo a entrenar con ellos. No es por nada, pero lo hice bastante bien y de inmediato quisieron que firmara mi afiliación con su equipo. Unos días después me visitaron tres personas muy importantes del otro equipo favorito de la ciudad: el Aucas. Los emisarios "Chalmeta" Naranjo, César Garnica y Luis Montenegro me propusieron firmar con su equipo. La verdad, me asusté porque este equipo, el Aucas, era el ídolo de Quito y estos tres jugadores nombrados, eran unos "cracks". Unos fenómenos dirían aquí en España. Fui honesto y les dije que para iniciarme en el campo profesional, prefería hacerlo en un equipo más modesto como era el Atlanta, y así fue como firmé con ellos y pasé a ser parte del equipo. Tenía 17 años cuando el campeonato local y nacional dio inicio. Mi entrenador no terminaba de confiar en este joven muchacho y durante varias semanas, el banquillo fue mi posición en los partidos. Mi amigos y compañeros del "Tarqui", otro equipo de la capital, venían con la ilusión de verme debutar pero el entrenador no me incluía, ni siquiera como reemplazo de alguien. Yo estaba ilusionado con jugar. Soñaba y dibujaba las jugadas dormido y despierto. Así fue durante los primeros seis o siete partidos. Yo ya había perdido la esperanza de que me incluyeran en algún partido y mis amigos, parece que también. Justo el sábado que ninguno de mis amigos fue al partido, me alinearon como titular y jugué mi primer partido oficial con el Atlanta. Fue un gran partido de iniciación.
En el año 1948 cuando ya tenía la mayoría de edad fui designado y nombrado como el Capitán del Sociedad Deportiva Atlanta. Con mucha nostalgia y alegría recuerdo con satisfacción que este primer año pude consolidar un verdadero grupo humano muy solidario. Éramos un grupo plural y variado. El equipo estaba conformado por estudiantes de colegio, universitarios, empleados, obreros de dos fábrica grandes de la zona. Lo importante era ser un jugador comprometido y entregado con el equipo.
Comparto con ustedes algunas fotos del recuerdo. En la última foto puede que no se note bien pero por un error se tomó la foto detrás de la red del gol, que estaba rota. El titular de ese día fue algo así como "Atlanta, los romperedes". Fue algo anecdótico porque el partido fue increíble y la nota de prensa fue sensacional. En esa misma foto aparecemos de izquierda a derecha: mi hermano Alfredo Rodríguez Coll, David Juna, Washington Martínez, Milton Rodríguez Coll y Fausto Guerrero.
Concluyo este capítulo con un buen sabor de boca de ese tiempo. Me convertí en un deportista polifacético y mi estado físico se fue desarrollando gracias a la constancia, disciplina y el entrenamiento diario. Una vida sana con buena alimentación y el cuidado de mantener la sencillez, la humildad dentro y fuera de la cancha, fueron bases que me forjaron camino a la adultez. Aprendí a ser amigo y compañero a la vez. Muchas veces metí la pata y mis decisiones no fueron acertadas. Sin embargo, aprendí a reconocer cuando me había equivocado y he tenido siempre presente que las cosas se pueden arreglar cuando el perdón honesto, tanto al darlo como al recibirlo sale del corazón. Lo importante son las personas con las que nos topamos y la capacidad de formar la historia individual y como grupo para que cuando el tiempo haya pasado y miremos hacia atrás, el saldo en su mayoría sea positivo más que el negativo. De todo se aprende y hay que ser muy humilde para corregir y volverse a levantar.
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| Atlanta FC - 1948. Milton Rodríguez Coll |
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| Atlanta con su otra equipación |
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| Atlanta: Los romperedes. |
(Puede que el siguiente pincelazo demore un poco más. Esta secretaria estará de viaje por trabajo fuera de Madrid, así que hasta después del 11 de Julio no podremos volver a publicar. Sin embargo, todos los comentarios que lleguen se los pasaré a mi papi para que pueda responder directamente).
Aprovecho para dejar un enlace sobre la empresa Güitig, con la que crecimos en Ecuador: https://www.revistalideres.ec/lideres/gueitig-historia-100-anos.html




Otro capítulo que relata situaciones antiguas de nuestro país y momentos que formaron partes de su vida y la nuestra. Con mucho cariño un recuerdo para mi tía Galdys, una de esas compinches que acompañaron su vida. Quedo a la espera de su próxima entrega.
ResponderEliminarBesos padre querido.
Un futbolista de los pies a la cabeza Milton, seguramente te hubiera fichado el Real Madrid porque quien vale vale!!! Gracias Milton. Un abrazo de José Luis Briones
EliminarAmigo Milton, te llevo conociendo ya un lustro casi. Nunca en ese tiempo escuché salir de tus labios ni una sola palabra despectiva o de crítica dura hacia ninguna persona.
ResponderEliminarPor eso no debiera llamarme tanto la atención que en ninguno de tus capítulos lo hayas hecho así. Pero no deja de asombrarme tu forma humilde y positiva de ver todo lo que te rodea y lo que te va ocurriendo.
Muchas lecciones nos das.
Enrique (senior)
Milton que hermoso el saber tantas anécdotas suyas y de la familia, lo de mi Mamá no lo sabía muy interesante y esas fotos que hermosas con cada detalle de su relato .... gracias por compartir su vivencias ...un abrazo
ResponderEliminarQuerido Pancho, me alegra saber que esta historia lo ayudò a recordar y saber algo más sobre su mamá.
EliminarTio querido, siempre sospeche que usted es de los nuestros, emelecista, jajaaja. Abrazo. Jorge Marcos
ResponderEliminarja, ja, ja,. Yo siempre fui, soy y seré fanático del fútbol bonito, limpio, elegante y en equipo.
Eliminarno de un equipo, sino de ese deporte :-)
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