Décimo Séptimo: Un sueño hecho realidad


Estamos de vuelta  ya con la continuación de la historia anterior. Nos quedamos en el momento crucial de un accidente que siempre he recordado, y aún alguna vez todavía he tenido pesadillas, pero que hoy puedo contarlo.  El descenso a toda velocidad pudo haber causado una tragedia mayor, pero gracias a Dios, no apareció en el camino ningún otro vehículo o persona que pudo haberse visto afectada.   Fue un milagro y sé que la protección divina se mostró una vez más en mi vida.  El parte policial indicó 23 metros de recorrido desde donde comenzaba el "rasurado" de la montaña hasta la carrocería del camión y otros 23 metros desde el guarda-choque hasta donde terminaba la montaña en dirección hacia abajo.   Como en las películas de acción, todo fue a cámara lenta. El silencio frío y de terror también lo pude sentir.  El conductor y yo salimos de la cabina de control milagrosamente sin ningún golpe o herida grave.  Más era el susto. Pero el miedo se apoderó de mí al pensar en los dos muchachos ayudantes que venían en la parte de atrás. Había una masa de vidrio triturado que no nos permitía encontrarlos. Escuchamos el llanto y el gemido desgarrador de ambos y fuimos en su ayuda.  Me dolió el alma al verlos "enterrados" bajo todo ese vidrio y restos de madera del camión. El olor a sangre era horrible. Dios permitió que por ahí pasara un señor en un coche cero kilómetros que acaba de salir del concesionario.  El manabita es muy solidario y ayudador, y esta persona , en un gesto de nobleza y humanidad, puso su vehículo a completa disposición para llevarse a los heridos hasta el lugar más cercano.  Junto con ellos, el chofer causante del accidente me pidió irse porque no quería enfrentar a la policía.   Le di 200 sucres para que acompañara a los heridos y ayudara a responder por ellos. La ciudad a la que se dirigieron a toda velocidad se llama El Empalme. Ahí había una clínica de un conocido mío el Dr Luis Félix, a quien le envié una tarjeta con un mensaje de mi puño y letra pidiéndole que hiciera todo lo posible por salvar la vida de estas personas y aliviar sus heridas. 

Este tipo de accidentes tan grandes siempre causan revuelo y la noticia del acontecimiento se dispersó por todo lado.  Al llegar al destacamento de la comisión de tránsito en el límite entre la provincia de Manabí y la del Guayas, un agente de la autoridad se acercó al señor que paró para ayudar,  y le preguntó sobre su responsabilidad en el accidente, a lo que él respondió que estaba ahí solo por un gesto humanitario y que  se había ofrecido para llevar los heridos para que fuesen atendidos. Se dirigieron al chofer del camión, Enrique Laca era su nombre, y le hicieron la misma pregunta. Él respondió que el chofer se había quedado en el lugar del siniestro y que él era uno de los empleados.  Fue así como se redactó el parte policial. Sin embargo, el "olfato" del agente a cargo, hizo que lo invitara a Enrique Laca a pasar el retén y para interrogarlo. A puerta cerrada, empezaron las preguntas que corroboraran que él era el chofer principal y único responsable del accidente.  Aunque lo negó muchas veces, al final terminó reconociendo que él era el chofer principal y se lo llevaron detenido.  Se comunicaron con la central de la Kola Gallito y se puso en marcha el operativo para socorrer a los heridos y activar un protocolo de auxilio inmediato.  Los dos operarios fueron atendidos pero tristemente sus lesiones fueron para el resto de su vida. En cuanto al chófer, el que Laca, permaneció en prisión una noche, pero al no haber una denuncia oficial como culpable, quedó en libertad. Nunca más supimos de él. 

Mientras todo esto sucedía yo permanecí al pie del camión siniestrado y como parte de mi responsabilidad con la empresa, cuidé de lo poco que había quedado. Tuve una herida leve que manchó mi camisa de sangre en varias partes. Mi equipaje había quedado enterrado entre los escombros, así que no pude cambiarme de ropa.  Como indiqué antes, la gente del campo de Manabí goza de un bien ganado prestigio de solidaria y humanitaria.  Hasta el lugar del accidente se acercó el Jefe Político  como máxima autoridad en la zona, para levantar el acta del accidente. Al concluir el relato me preguntó: "¿Está usted armado señor Rodríguez?" a lo que contesté que no.  Fue entonces cuando él sacó su revolver y me dijo que debía tenerlo si pensaba pasar la noche velando por lo que había quedado. Esa zona es de montaña y hay muchos animales salvajes, entre ellos tigres. Debo reconocer que tragué un poco grueso al escucharlo, pero yo creía que era mi obligación permanecer ahí.  Fue así como me quedé en el lugar, con un revolver por si fuese necesario y la espera de que por la noche no sea sorprendido por algún animal del lugar.  En mi querido Manabí se suele merendar a las cinco de la tarde. Muchas personas de los alrededores, gente sencilla y muy humilde empezaron a desfilar hasta donde yo estaba para brindarme algo de comida. El menú era el mismo: arroz, frejol tumbes, chorizo y café. La sazón de la zona es muy buena, pero solo pude comerme los dos primeros platos que estaban muy bien despachados.  Pero las seis u ocho raciones restantes tuve que, con mucho disimulo, deshacerme de ellas ya que yo ya no podía comer un grano de arroz más.  Como agradecimiento y en respuesta a este gesto, yo los invitaba a llevarse lo que pudieran de las botellas que sobrevivieron en el accidente.  Esto hizo un efecto llamada y todos traían algo para comer a cambio de la dulce bebida.    El sol en Ecuador se oculta todo el año a la misma hora, entre las 6:30 y las 7:00 por lo que a las 8:00 de la noche la obscuridad toma el lugar.  Cerca de esa hora, dos jóvenes campesinos que traían un candil, se pararon para conversar conmigo. Les dije sobre mi plan de permanecer toda la noche ahí, así que me ayudaron a tomar ciertas precauciones. Buscaron un lugar un poco más seguro y estratégico, me dejaron su candil pero me indicaron claramente que lo mantuviese apagado.  Me advirtieron que el olor a sangre y a comida que había ahí lo más probable atraería animales de todo tipo hasta el lugar. Vieron que tenía el revolver que me dejó el teniente y me dijeron que no dudase en disparar. Se quedaron conmigo hasta las diez de la noche haciéndome compañía, pero luego se marcharon ya que su jornada de trabajo empezaría a las cinco de la mañana.  Agradecí el gesto, la compañía y el cuidado. Me quedé finalmente solo y en total obscuridad.  Sólo tuve dos percances:  cuando todo estuvo en silencio se acercaron para robarme la llanta de emergencia que había quedado bien, pero con un buen grito los espanté. El segundo incidente fue cerca de las dos de la mañana. Estaba cansado y tratando de no dormirme. De pronto escuché el gruñido de un tigre que progresivamente se iba acercando a mi espacio.  Esperé un poco y cuando creí prudente , realicé dos tiros al aire y el animal salió huyendo.  Así, la noche siguió su curso y vi el amanecer. 

El accidente fue un jueves a medio día. El viernes la Kola Gallito envió un camión de la plantilla para remolcar lo que había quedado del siniestro y también para llevarme de vuelta a Guayaquil.  Camino hacia allá, ya avanzada la noche pedí pasar primero por el hospital en el que estaban los heridos y aunque mi gran amigo, el Dr Lucho Felix no estaba cuando pasé por ahí, deje mis saludos y mi eterno agradecimiento personal por el cuidado de mis compañeros quienes recibieron la ayuda que se podía dar. Viajamos toda la noche del viernes y la madrugada del sábado. Llegamos a Guayaquil a las siete de la mañana a la fábrica de bebidas.  Ahí tomé un taxi en dirección a la casa de mi tía Teronga donde había quedado Laura todo estos días de mi ausencia.  Aquí un dato curioso sobre lo que sucedió de manera paralela a mi accidente.  Yo estaba supuesto a llegar de vuelta de mi semana de trabajo el viernes por la tarde, pero no fue así.  Es importante que nos situemos en ese tiempo en el que las comunicaciones dependían de un teléfono, que ni Laura, ni mis tíos tenían.  Sin embargo la radio era la vía pionera y más importante para todo lo que se necesite:  música con los hits del momento, noticias del día a día,  dedicatorias de unos a otros, los partes mortuorios y cualquier cosa que se necesitase, Radio Cristal en el 870 am de la frecuencia.  Hasta se declaraban los enamorados por esa vía.  Mi tío Aquilino era un fiel oyente de los informativos de esta emisora por lo que fue el primero en ser consciente de que algo había pasado con uno de los camiones de reparto de la Kola Gallito. Con tan poca información mi tío Aquilino fue muy prudente y trató de recabar más al respecto, ya que no tenía la certeza de que fuese mi ruta la accidentada.  Mi tío fue a donde mi tía Manino y le contó lo que estaba pasando, así que decidieron ocultar el accidente hasta recibir más información y tratar por todos los medios que Laura no se enterara de lo que estaba pasando.  Sin embargo, mi Laura ya estaba preocupada por que el viernes no llegué ni había tenido ninguna noticia mía.  Mis tíos la calmaron diciéndole que yo solía quedarme un día más cuando se me acaba el producto y tenía que esperar la reposición donde estuviese para servir a mis clientes.  Así pasó el viernes y amanecí el sábado frente a la fábrica, entregué el camión siniestrado y tomé un taxi en dirección a la casa de mis tíos.  Estaba muy cansado y lo que quería era llegar junto a Laura.  Toqué la puerta del apartamento y me abrió ella, quien al verme casi se desmaya de la impresión. Yo estaba lleno de polvo, demacrado por la mala noche, con sangre por varios sitios en mi ropa y con una apariencia terrible. Alcancé a sostenerla y evitar que se fuese al suelo.  Ya un poco más calmados, ella empezó a llorar y me dijo que me había soñado y ella sabía que algo malo me había pasado.  Esta historia me ayuda siempre a recordar que entre ella y yo ya se estaba construyendo esa compenetración amorosa que hemos sabido cultivar por más de 60 años. 

Un inciso:  Hace 15 días atrás, el 13 de octubre del 2024 Dios me concedió el regalo de tener a Laura y a mis cinco hijos juntos en Tres Cantos.  También tuvimos una preciosa sorpresa con mariachi incluido en la Iglesia Evangélica El Buen Pastor de Tres Cantos, y sé que muchos de ustedes fueron parte de ello.  A mis 94 años es un regalo saberme querido por mi familia y estar rodeado de tantas personas buenas y cariñosas que nos están acompañando en esta última etapa de nuestras vidas a Laura y a mí.  

Espero junto a mi Laury poder retomar las publicaciones con más frecuencia y seguir contándoles sobre tantos años de amor, aventuras, lágrimas, risa y unión de la buena que se quedarán como recuerdos para la siempre como familia. 





Comentarios

  1. Tío querido, la marcada diferencia entre su honor y decencia; y el comportamiento vergonzoso y desleal del chofer del camión. Gracias a Dios las autoridades tuvieron la suficiente perspicacia para descubrir el intento de engaño. En otro tema, los manabitas (Yo me considero manabita de tuerca y tornillo) estamos hechos de otra madera. Abrazo.
    Jorge Marcos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimado Jorge Marco, la gente en su desesperación comete barbaridades. Imagínese lo que pensaría el chofer cuando íbamos descontrolados al borde de un precipicio. Seguro quería huir de su responsabilidad. En cuanto a la demora del pincelazo, es porque confluyeron varios hechos que produjeron en nosotros, postergar un poco el trabajo en este proyecto. Todavía hay material suficiente por mi longevidad. Un fuerte abrazo sobrino.

      Eliminar
  2. Milton fue una bendición muy grande acompañaros estos días pasados con toda la familia en vuestro 600 Aniversario, perdón 60 Aniversario ( broma). Gracias por seguir compartiendo un poco de vuestra historia y ver la bondad de Dios en vuestro cuidado. Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tengo grabaciones innumerables en las que siempre le doy el crédito de todo a Dios en agradecimiento por hechos ocurridos. Me siento bendecido porque en mi vida he tenido momentos cruciales y aun así, he llegado hasta aquí. Soy honrado con su amistad para satisfacción personal y familiar. Jose Luis, gracias desde mi corazón. MILTON

      Eliminar
  3. Extrañaba las pinceladas, querido Milton te vuelvo a felicitar por la extraordinaria memoria..un fuerte abrazo.Rita Alava Menendez

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querida Rita, esa constancia reiterada muestra tu fidelidad con este sencillo blog, mantiene latente nuestra añeja amistad. En la vida, hay oportunidades en que he compartido detalles con tu familia: con tu papá, con Teresa y toda la familia Álava. Mis respetos para ustedes. Milton.

      Eliminar
  4. Tuve el privilegio de poder ser testigo de la celebración de los 60 años de matrimonio que comenta Milton. Sus palabras y, sobre todo, sus gestos me ayudaron a pensar sobre qué se necesita para que una pareja pueda superar los obstáculos que la vida pone para seguir juntos y quererse. Gracias, Laura. Gracia, Milton. Sois un gran ejemplo de amor.
    Enrique

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimo en alto grado tus palabras y sentimientos de amistad. Vamos todos en la misma senda, guardando las distancias. El afecto es mutuo. Un abrazo gran amigo. Milton

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Décimo Segundo: Amor a la antigua.

Vigésimo primero: Un visionario.

Soy Milton Rodríguez Coll -1930

Paradinha: El Estadio El Arbolito - Quito.

Décimo Cuarto: ¡Vivan los novios!. Sábado 10 de Julio de 1964

Décimo Octavo: El inicio de mi familia: Los Rodríguez Jara

Paradinha: Cuando vi jugar a Pelé en Ecuador

Noveno Pincelazo: Sociedad Deportiva Atlanta - Ecuador.

Décimo noveno: Santiago Videla, 231- Teléfono 246215