Cuarto Pincelazo: Una familia itinerante, una huella en cada lugar.


Hemos llegado a 1942. El año en el que nació el amor de mi vida, pero no lo supe hasta dieciocho años después.

Mi papá era un asesor de grandes almacenes y era conocido por ser un muy buen administrador. Lo buscaban para encaminar negocios por su profesión de contable. La familia estaba establecida en Bahía cuando se le presentó una buena oferta de trabajo que él aceptó con todas las implicaciones.

Se tomó la decisión que al nuevo destino llamado Cojimíes, fuésemos primero sólo mi papá, mi mamá y yo. El resto de mis hermanos se quedarían a cargo de los tíos y la familia cercana. Es importante indicar que la educación primaria en Bahía llegaba hasta el sexto grado y yo ya lo había completado. Sin embargo, en Cojimíes, la educación sólo llegaba hasta cuarto grado, lo que significó que yo me iría a un lugar donde mi tema de estudios quedaría en "veremos" y mis hermanos menores se quedarían a terminar todo el ciclo primario en Bahía.

Como he mencionado varias veces antes, la relación con mis padres era de mucha confianza, lo que me impulsó a pedirles que me permitiesen viajar con ellos para ser de ayuda y apoyo en esta nueva etapa.

El pueblo de Cojimíes era muy rico por la pesca, los cocos y el banano ya que la industrialización era grande. Manabí ha usado mucho el machete y el revólver en el día a día. Era corriente ver a las personas con estas armas pegadas al cinto. Recuerdo haber visto muchos criminales que se paseaban tan orondos en el lugar porque la máxima autoridad era el Teniente Político, quien era una persona más bien de un estrato bajo, sin educación y solía estar manejado y controlado por los pudientes. Explicaré el contra sentido que he tenido al calificar a este pueblo como pobre y como rico. Pobre, porque a  los políticos no les interesaba su desarrollo y rico, porque este pequeño terruño, era productor de coco e impulsor de la pesca que llevó a este lugar a ser un puerto importante de este tipo de productos. Los cocotales eran inmensos y en esa época se convertían en COPRA, que es el coco al que se le quita la pulpa y se lo pone en grandes tendales al sol. Era la materia prima para la elaboración de aceite comestible, muy importante para la pesca, la ganadería y en el proceso de la siembra de los platanales. 

El pueblo carecía de los servicios básicos. El cambio en nuestra vida en muchos sentidos, fue aparentemente de mejor a peor por las condiciones del lugar. Mis bases de la educación primaria recibida, hicieron que este niño-adolescente en el contexto de Cojimíes, fuese considerado un "deslotado". Todo sirvió para adaptarme rápido al nuevo entorno. Era como ser el hijo de John Dillinger, al que querían matar "porque sabía demasiado". (jejeje).

Todo lo que narraré más adelante, son cosas que ocurrieron durante los dos años que permanecimos en Cojimíes. Fueron experiencias muy fuertes, duras pero que gracias a Dios, no dejaron una huella negativa en mi mente ni en mi corazón. Estoy seguro hoy, que esto fue así, porque siempre estuve bajo la autoridad y el cercano cuidado de mis padres. El entorno no era en realidad, lo mejor para un chico de mi edad pero los valores y la guía de mis padres, hicieron la diferencia. La fe cristiana de mi mamá y los valores aprendidos en el pequeño grupo que leía la Biblia al que asistía ella en el nuevo lugar, fueron esa protección y esa luz que nos fue abriendo camino.

Voy a comentar dos casos que viví en persona cuando tenía 13 años de edad. Estaba tras del mostrador de nuestra tienda de abastos junto a mi padre, cuando entró uno de los criminales muy conocido en el lugar.

Le dijo a mi papá: “Don Milton, sírvame dos copas de trago". -Cabe mencionar que en esos almacenes grandes se vendía de todo. Yo decía siempre, que solamente faltaba operar a la gente.- “Vengo a decirle que X persona me ofrece 3.000 sucres para que lo mate a usted por ser su competencia".

Mi padre le contestó: “si tu crees que yo te voy a decir que te pago 5.000 sucres para que lo mates a él, te equivocas”.

El respondió: “no patrón, yo he pedido dos tragos para brindar con usted porque yo le contesté, que ese dinero no me interesa. Don Milton es buena gente”.

El delincuente pagó su consumó y se fue.  Imagine a un niño de 13 años escuchando esa conversación en la que se hablaba de matar a su padre. Esas son cosas que me marcaron y me hicieron consciente de lo real que puede llegar a ser la maldad y como niño, fue duro presenciarlo. También entendí que la valentía de mi papá iba de la mano con su honestidad, transparencia y corazón de buen ser humano con valores no negociables.

El segundo pasaje que viene a mi mente está relacionado, cómo no, con el football.  Se jugaba un partido entre Cojimíes y Pedernales. Perdía Cojimíes 4 a 0 en una cancha de tierra y arena.  Al estar la cancha al aire libre y sin ninguna protección o paredes, el público presente que se había congregado ahí era de todo tipo entre personas y animales del pueblo. Un gentío. Resulta que Héctor Andrade, uno de los espectadores del equipo local, compadre de mi papá, estaba disfrutando del partido montado en su caballo. Yo estaba a su lado izquierdo y con mi mano derecha estaba sosteniendo las riendas del animal (del caballo me refiero). A mi otro lado estaba Pedro Delgado. Frente a nosotros tres, estaba uno de los “señoritos”, muy querido en el pueblo, el Roque Olives. Todos estábamos disfrutando del partido, hasta que el equipo local de Cojimíes, quienes iban perdiendo, marcaron un gol y fue suficiente para que Héctor Andrade desenfundase su revólver y diera varios tiros seguidos al aire como celebración, pero también fue lo que provocó que se armara un alboroto, y que más espectadores armados, empezaran una balacera de tal magnitud, que el ambiente se cubrió de pólvora en pocos minutos. Yo, un muchacho más bien delgado y de 13 años, tenía al compadre de mi papá, abrazándome por los hombros disfrutando del partido.  De pronto escuché que el hombre al otro lado dijo: me jodiste cachorro (siento mucho la mala palabra) y se llevó las manos a la barriga.  Mi mirada fue hacia sus manos y vi como salía bastante sangre. El Cachorro, un criminal conocido por todos, le había dado un balazo directo. Empezó a perder el equilibrio y se apoyó en mí. Lo sostuve lo que pude hasta que finalmente, con la ayuda de otros que se acercaron, lo levantaron en hombros y se lo llevaron. Me quedé de piedra. Todo era un caos. Alguien fue a avisar a su familia y conocidos sobre lo sucedido.  Dieron la instrucción de que se llevasen al herido a su barco. No había asistencia médica de ningún tipo así que el plan era llevárselo en ese barco hasta Manta, el lugar más cercano para que le dieran los primeros auxilios.  

El tiempo corría en su contra ya que el trayecto era de no menos de 18 horas. Es importante indicar, que en el mismo barco también se llevaron al Cachorro. Los familiares del herido, le gritaban y lo amenazaron todo el trayecto con esta misiva: Si se muere, te lanzamos al mar.  Lo cierto es que el herido murió en el camino, y no lanzaron al mar al asesino ya que esperaron hasta llegar a Manta para entregarlo a las autoridades correspondientes.   

En Cojimíes era muy normal ir armado.  Era un pueblo sin Dios ni ley. El teniente político era el último “mono” y no tenía autoridad sobre su gente. El modelo que se había copiado, era como el de las películas del Oeste de los Estados Unidos.  Había un cine improvisado de pueblo en un local. Se proyectaba la película contra una sábana blanca desplegada en cualquier lugar que la sostuviera. El espacio permitía a unos pocos estar sentados y el resto de pie.  La improvisada sala siempre se llenaba a reventar. Un día, en una de las escenas de la película que estaban siendo proyectada, se veía a un vaquero en primer plano que sacó su revolver dispuesto a disparar, y uno de los presentes del público en el lugar, se sintió amenazado por él, y no encontró mejor solución que empezar a disparar contra la pobre pantalla con su propio revolver. 

Así era una tarde “de película” en un pueblo remoto de la costa ecuatoriana como era Cojimíes.



Comentarios

  1. Muy querido Milton gracias a Dios que libro de tanta violencia en Cojines y gracias a Dios por lenterezs de tu padre, un alto ejemplo para tu vida. Un abrazo.

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    1. Es de gran bendición poder deleitarnos con tantas vivencias llenas de esperanza querido amigo. Qué lo más importante es poder tener un corazón dispuesto a dar sin recibir nada más que la recompensa de hacer lo correcto siempre.
      Dios permita poder seguir disfrutando de todo lo que habéis vivido por mucho tiempo.
      TQ

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    2. Gracias querido anónimo. No sé quien es pero sus palabras me dan el ánimo necesario para seguir en este proyecto que ojalá no tenga piedras en el camino, ya que se que podrían aparecer. Por favor, la próxima vez que ponga un comentario, ponga su nombre y responderé con mucho gusta de manera más personal. Milton

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  2. Qué bueno es leer esta nueva entrega en este blog. Como ya se los había dicho antes, las historias de Don Milton Rodríguez Col son interminables y como pueden ver pasamos de una "paradinha" al mejor estilo del fútbol brasileño a una historia de Clint Eastwood y no saben todas las historias más que van a ver en esta maravillosa vida que ha tenido mi padre.
    Qué gusto leerlo de nuevo Don Milton!!!, quedo ya a la espera de la siguiente entrega.

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    1. ¡ Este es mi Roberto, aunque aparezca como anónimo!. Mi querido hijo Roberto, con usted es más fácil agradecerle porque en nuestra casa nos peleamos por dar y no para que nos den. Es el molde con el que hemos cruzado por esta vida. Su papá Milton.

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  3. Alucinante, parece de una película!!!

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    1. Gracias Memé. Cada uno en la vida tiene su propia película y debemos aprender a manejarla conforme al instinto y los valores aprendidos. Milton.

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  4. PINOCHITO querido este Best Seller me mantiene ansiosa ya que sus capítulos están un poco espaciados...ja, ja
    La verdad estoy atenta al nuevo capítulo, pués siempre me quedo en.... CONTINUARÁ!!!
    Gracias por deleitarme con sus vivencias y recuerdos. Muchas veces escuché a Mami estos relatos.
    En espera de un nuevo capítulo. Besitos

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    1. Ivoncita, sabes tu que mi intención es simplemente compartir esos pasajes que la vida nos permitió vivir y experimentar en carne propia. La vida tiene sus altibajos. Besos. Milton.

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  5. Como siempre me encantó y sobre todo lo que cuentas de Cojimies , lugar donde viví y crie à mis cuatro hijos y donde disfruto cada ves que voy de sus playas paradisiacas . Gracias mi querido primo Milton .

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    1. Querido anónimo, no puedo decir tu nombre pero por el hecho de que también viviste en Cojimíes, sabes que lo narrado fue lo vivido. Hablamos por los años cuarenta. La gente de la zona podrá saber que lo voy contando es muy parecida a la realidad de ese tiempo. Un saludo, Milton. ( la próxima vez recuerda poner tu nombre al final :-)

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  6. Hola tío querido. Gracias por compartir estas historias, mi papá me contado algunas de Cojimies y Pedernales que lo dejan a uno helado.

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    1. Galladita, uno de los buenos avales que puedo tener yo de mis relatos es precisamente su papá. Mi gran amigo Fernando. Besos. Tío Milton.

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  7. Fino humor, mi querido Milton. Buena descripción de esos tiempos que te tocaron vivir. Sin duda te marcaron para bien.
    Esperando con interés tu próxima entrega, recibe un fuerte abrazo de tu amigo Enrique.

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    1. Gracias Enrique, mi amigo. Estoy intentando redactar de manera cronológica, pero es difícil lograrlo porque de pronto aparecen más cosas, y al narrar se me escapa el orden. Recibe el abrazo cordial de siempre. Milton.

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  8. Es un gusto léer estas anécdotas que nos ilustran como fue su vida y de la familia

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    1. Querido anónimo, gracias por sus palabras. Me alegra mucho y anima saber que les está gustando la historia. Por favor, la próxima vez recuerde poner su nombre al final y así lo saludo de manera más personal.

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  9. Tío querido, de mis abuelos escuché muchísimas anécdotas de su tiempo en Cojimíes, de su negocio, etc. Lamentablemente, aunque tuve el privilegio de recorrer casi todo Manabí con mi abuelo Jorge, trepados en una reina, una cuatour o una chancha, el viaje a Canoa, Cojimíes y Pedernales quedó pendiente. Hasta ahora no lo he podido hacer. Es una asignatura pendiente que espero pasar en algún momento si Dios me lo permite. Mi viejito me enseño a amar a Manabí con toda mi alma. A veces sueño con irme a retirar a alguna de sus playas. Gracias nuevamente por compartir tan hermosos relatos. Abrazos, Jorge Marcos.

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    1. Querido Jorge Marcos, para mí es un verdadero placer leer que le está gustando mucho estos relatos. En estos 93 años de vida, hay muchas cosas por decir y recordar. Como para todos hay historias positivas, otras alegres y otras que no lo fueron tanto. Nuestro amigo en común, César Paladines, también podrá dar fe de muchas cosas e historias que están por venir en mi narración. Tío Milton.

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  10. Gracias Milton por tus historias realmente las disfrutamos y Bendecimos tu vida y el privilegio de haberte conocido. Un abrazo amigo querido siempre estás en nuestras oraciones un abrazo al amor de tu vida Eduardo y Blanche

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    1. Queridos Eduardo y Blanche, ese privilegio es compartido. En algunos pasajes de la vida hemos andando nosotros y ustedes. Un saludo, Milton.

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  11. Gracias por compartir sus relatos de su infancia ...hace que venga a mi mente los relatos de su Hermana Gladys que también nos contaban algunas de sus experiencias y han vuelto a mi mente esos momentos ....GRACIAS y por favor siga deleitándonos de sus PINCELADAS

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    1. Querido Anónimo. Mis hermanos en sus vacaciones escolares viajaban a Cojimíes para estar con nosotros algunas semanas. Tuvimos la oportunidad de vivir algunas historias en el mar, jugando y bañándonos. Una día, detecté la aleta de un tiburón que se acercó al grupo. Yo por estar ya fogueado en el lugar, di un grito para que salieran. No era un tiburón grande, más bien pequeño, pero come y lastiman igual que los otros y hay que tenerle su respeto. Recuerda la próxima vez dejar tu nombre para saludarte de manera personal. Milton.

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  12. Excelente relato, tío. Me parecieron fascinantes los personajes y circunstancias que usted describe.

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    1. Mi querido Guanabacoa, tarde o temprano saldrá por aquí alguna de las tantas historias bellas que compartí con su familia en los Estados Unidos, como el día que su papá me prestó su automóvil para ir a hacer unas compras de último momento con su mamá Susana. Le pedí que con tiempo me avisara cual era la siguiente salida, y su mamá se despistó y con un leve grito ( aunque las Jara no pegan gritos leves) me dijo que parase. El frenazo fue una realidad y justo a nuestro lado se puso un policía de tránsito motorizado. Gracias a Dios no fue más allá la historia, pero el susto fue grande y nos libramos de un problema mayor. Besos sobrino querido, gracias por su opinión y comentarios siempre. Su tío Milton.

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  13. Mi querido Milton.me encanta leer tus pinceladas..te felicito por esa excelente memoria .espero la siguiente.un fuerte abrazo Rita Álava Menendez

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    1. Querida Rita, comentarios como el tuyo me halagan y me animan para contar una historia verídica, que a momentos puede pensar que es ficción. Quien conoce el sitio da fe de lo que digo. Besos, Milton.

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  14. Susana Bravo
    Hola cuñado,
    Aunque fui pequeña a Cojimíes recuerdo ciertas cosas que usted
    narra y también se quedaron grabadas en mi memoria.
    La formación que le dieron sus padres le sirvieron para salir incólume de aquel ambiente tan “ difícil “.
    No recordaba la anécdota del carro que le contó a Kiko. Lo siento !

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    1. Querida cuñada, gracias. Su comentario me afianza en lo que digo. Usted recuerde que fue quien escuchó eso de 'espero que esta ansiedad se convierta en una bella realidad'. Milton.

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  15. ¡Wow! Qué gran par de historias, pero la primera es fabulosa. Su padre debe haber sido un hombre formidable.

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  16. Que fuerte! Debe haber sido impresionante, a los 13 años, presenciar todo aquello y sin duda, estar tan cerca de recibir una bala perdida. Me alegra muchísimo que su vida haya sido larga, y que su memoria guarde tantos y tan profundos detalles! Un gran abrazo mi querido Don Milton! Siempre es muy grato leerlo!

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