Sexto Pincelazo: Cojimíes da para más.


Aunque en un principio pensé que con un capítulo sería suficiente, la verdad es que las historias en Cojimíes dan para mucho más. Varios lectores de este blog han preguntado sobre cosas más específicas que van moviendo mi memoria y mi recuerdo. Mi editora- lectora vallisoletana Margarita está muy intrigada y por esto hoy voy a contar algunas historias extra. 

El almacén de mis padres no tenía un nombre específico. Los fines de semana eran de mucho trabajo por la cantidad de gente que circulaba por el pueblo. De lunes a jueves, el ritmo laboral era más calmado y había que aprovechar el tiempo para comprar suministros para el negocio, lo que implicaba contacto directo con los proveedores del género. Uno de ellos era la compra de los cocos para hacer la "copra", el coco picado que mencioné ya en otro capítulo. Solía ser yo el encargado de ir en busca de este producto a la isla que estaba enfrente de Cojimíes en el océano pacífico. (Actualmente se la conoce como la Isla del Amor). 

Entre la costa de la playa y el local de mis padres había una distancia, no muy grande, pero si un pequeño desnivel que no le permitía a mi mamá divisarme a lo lejos, desde la tienda hasta la zona de salida de las canoas que iban hacia los cocotales de la isla antes mencionada. La ruta obligada era el cruce del brazo de mar en la canoa a cargo de un empleado experimentado para navegar por ahí. Esta zona une las provincias de Esmeralda y de Manabí. Fui un niño travieso e inquieto por aprender siempre cosas nuevas, así que le pedí al muchacho que me enseñara a conducir la canoa. Obviamente las clases quedarían entre él y yo porque mis padres no hubiesen autorizado ese aprendizaje por el riesgo que había, en especial cuando el mar estaba picado y se sabía que muchos accidentes ocurrieron a causa de un descuido en la travesía. 

Los empleados que realizaban esta tarea se ponían en la cabeza una protección hecha con un costal vacío de azúcar o café que les protegía la cabeza, les tapaban los hombros y la espalda del sol, el viento y el agua del mar. El atuendo se completaba con un sombrero típico de ese tiempo. Por mi parte, mi ropa de trabajo era la misma de uso diario y mi sombrero con el que me distinguían en el pueblo. 

El puesto del responsable de la canoa era la popa, desde donde guiaba con un canalete o remo la embarcación que seguía la corriente del mar. Mi lugar debía ser el asiento que en la canoa se ubica un poca antes de la proa, donde yo debía permanecer sentado todo el trayecto, y a lo mucho ayudar un poco con un remo de madera, lo cual no era divertido ni me hacía muy feliz. Había que bogar y eso lo hacía el muchacho quien tenía la experiencia y había aprendido a conocer e interpretar en cierta forma la corriente del mar, y tomar las precauciones necesarias para no tener un accidente. Se me ocurrió decirle al campesino que yo quería aprender a usar la canoa y, aunque al principio no le hizo mucha gracia, llegamos a un acuerdo: yo me vestiría con la protección de su cabeza y su sombrero y él con el mío. Así a la distancia, parecería que todo iba como se hacía siempre. Algunos días nos funcionó el plan y así tuve mis primeras clases prácticas secretas para manejar la canoa. 

Sin embargo, un día, Doña Dorita subió al balcón alto de la casa junto al local en busca de algo y cuál su sorpresa: divisó a lo lejos el cambio de posiciones y atuendos. Ese día descubrió el plan de suplantación que llevaba en marcha con éxito desde hacía ya varios días. Ella, ni corta ni perezosa, fue hacia donde mi papá y le dijo que ordenara que la canoa en la que yo iba regresase a la orilla. Así fue como nos regresaron. Mi papá me esperaba para hablar. Una vez estuvimos los tres juntos, mis papás me hicieron reflexionar sobre el peligro de mi acción y su desacuerdo. Sin embargo, aunque la idea principal era imponer un castigo, a medida que se desarrollaba la reunión, mi mamá pensó mejor la situación y decidieron que lo mejor sería que yo aprendiese a llevar una canoa y continuar mi estilo de vida que en ese momento, era ese y que inclusive, no vendría mal que yo supiese y aprendiera algo más. Resuelta la situación, desde ese día fui aprendiendo muchas cosas que me sirvieron para adaptarme al entorno. 

Ni una clase de física en el mejor colegio, me hubiese enseñado de mejor manera que, cuando uno lleva la canoa vacía no es lo mismo que cuando uno lleva muchos cocos en su interior. Calculo que más de cien si llevábamos. El coco tiene su agua propia que cuando la canoa se canteaba, la tendencia es que el agua de los cocos fuese en la dirección de la inclinación, lo que desnivelaba la estabilidad de la canoa y era necesario hacer un contrapeso con el cuerpo de los dos tripulantes para evitar volcar o hundirse, y es evidente que la pericia y experiencia de los que llevan la canoa era clave para no tener un accidente. Todo detalle es valioso y siempre se aprende algo. 

Para hacer la copra, es necesario abrir los cocos. En ese tiempo se utilizaba un machete. Parecería algo sencillo pero no lo era. Había una técnica que ayudaba a que los que abrían cocos, no se quedarán sin dedos mientras hacían la tarea. Al coco había que ubicarlo en un sitio cóncavo para que su redondez tuviese estabilidad y poder abrirlo con un machetazo firme y seguro. Se partía el coco, se lo pelaba y se extraía el agua y la carne blanca dulce. El coco tierno se partía con machete. Sin embargo el coco seco se abría con una especie de tijera que se clava cerrada en el hueco por donde sale la rama y una vez incrustada, se abría la tijera, la misma que rompía el fruto en dos pedazos. Mi primer intento de abrir un coco, casi me costó mi dedo pulgar izquierdo, donde luzco con orgullo una cicatriz que me ha acompañado toda la vida y se irá conmigo cuando llegue el día. Una vez aprovechado todo lo utilizable del coco, entonces se distribuía y se vendía a la fábrica procesadora de aceite de coco. 

Cierro este capítulo contándoles que durante las vacaciones del periodo escolar, mis hermanos venían a pasar con nosotros algunas semanas en Cojimíes. Yo era su guía y quien les enseñaba las cosas que había aprendido. Me convertí en el campesino mestizo (en Ecuador conocido como montubio) instructor de los citadinos. Recuerdo una vez que nos fuimos todos a bañar al mar, cuando de pronto alcancé a divisar la aleta de un tiburón pequeño que venía hacia nosotros. Con un estruendoso grito, logré que todos salieran a la orilla de la playa y se salvaron todos. Aunque era un tiburón más bien pequeño, también "rasguñaba", jajaja... 

(Como siempre, gracias por seguir aquí. Recuerde dejarme su comentario con su nombre y apellido para enviarle un saludo cercano, personal y directo. Don Pinocho). 


Nota de la secretaria: Mi papi sigue con la ilusión de conseguir más de 50 "seguidores" en su blog. Si quiere déjenos por aquí un breve comentario y hacemos realidad este deseo que mi viejito tiene. :-)

Comentarios

  1. Siempre atento al siguiente capítulo y agradeciendo a la sabiduría de doña Dora y don Milton (los padres de quien escribe el Blog) por haber permitido que siga con estas experiencias. Tal vez debido a eso es que luego a nosotros, los hijos, nos dejaron intentar más de 4 cosas Jajajajaa
    Mírese el ombligo.

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    1. Hijo querido, es indudable que hemos tenido la suerte de encontrar una amable docilidad en nuestros hijos. Le ayuda a esta página si lo sigue leyendo y comentando.

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    2. Quién lo iba a decir d. Milton! Taveen polifacético! Lo mismo cuidando caballos, vendiendo revistas, trayendo cocos, eso aparte del gran futbolista. Eres el "gran Milton". Un abrazo de José Luis Briones.

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  2. Me encanta leer tus historias Milton.
    Las cuentas tan bonito y entretenidas que siempre nos quedan ganas de otro pincelazo😀😀

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    1. ¡qué alegría que mi doctora favorita!. Al agradecerte digo yo que lo copié de tu estilo en la forma como me has ayudado cuando me has asistido.

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  3. Es agradable poder comprobar que la mente de Milton, está tan fresca y lúcida como la de un literato joven . Narra con tanta vivencia sus añoranzas , que parece que fue ayer que las vivió . Es contagiosa la alegría con que cuenta historias vividas por él y su familia, muchos jóvenes quisieran tener su elocuencia, abrazos cuñado .

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    1. Estrella, querida cuñada, es un 'idioma' que siempre hemos mantenido, pero hoy esta página se en galardonó con su presencia. Un cordial abrazo. Milton

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  4. Muy bueno como cada semana, tío. Abrazo, Jorge Marcos

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    1. Gracias sobrino querido. Mejor me parece a mí su comentario que siempre va afianzando esta página. Un saludo cercano.

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  5. Mientras leía este capítulo pensaba en si no echabas de menos a tus hermanos. Y al final, como si me leyeras los pensamientos, lo explicas perfectamente.
    Por otro lado sigue llamándome la atención las actividades de “riesgo” que se realizaban cuando eras niño y lo bien que salías airoso de todas. Un abrazo, amigo. Enrique Ortiz Sr.

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    1. Querido amigo Enrique, coincidió la pregunta con la contestación. Eso hace que te agradezca siempre tu cortesía, amigo.

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  6. Aunque no nací en Manabí, soy manaba de corazón que se enamoró de la tierra donde Doña Dorita era conocida por sus exquisitas mermeladas y que Panchito las anunciaba desde su bicicleta. Don Milton me voy a poner al día con la lectura de sus historias que nos conectan a la distancia y traen a mi mente de forma vívida la realidad de nuestro terruño. No hace mucho mi ñaño me decía "esos manabas son cosa seria...hasta en estos días llevan su machete" jajaja esto porque me visitó en Crucita y ha visto este folckore. Saludos desde el caribe. Karola Ramírez

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    1. Querida Karola, tengo en Tres Cantos una amiga que dice que es española de Manabí. Mi madre decía que ella era española de Manabi, y es que mi tierra se deja querer. Un cordial saludo y gracias por sus comentarios.

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  7. Tío querido, un pincelazo más que puedo disfrutar, creo que hasta me sentó en la canoa y pude sentir el mar. Dios lo bendiga y lo siga llenando de esa alegría que nos contagia con sus letras. Un abrazo gigante, de esos abrazos de antaño cuando saltaba a sus brazos siendo un niño, y claro, luego de eso abrir esa funda de papel llena de sánduches de pernil que nunca faltaban en sus visitas a la casa, una verdadera delicia acompañada de la coca cola de vidrio de dos litros que en ese tiempo hacía menos daño porque no sabíamos lo que hacía jaja. A la espera de un nuevo pincelazo.

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    1. Galladita, recuerdo que cuando en Quito yo iba a Guayaquil, no podía faltar el sanduche de pernil. La coca cola la ponía Patricio. Fernando y Marianela también lo disfrutaban con nosotros. Un cariñoso abrazo para todos. Tio Milton.

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  8. Un gran abrazo a la distancia recordado Mitol, como te decía mi papi Leonardo, desde que era chico en el estadio Olimpico Atahualpa de Quito te seguía muy atento esa narrativa con ese gran matiz descriptivo gráfico de esa anécdotas que contabas en la general sur, donde asistía esa distinguida Jorga de ex futbolistas y amigos, domingo a domingo, felicitaciones por conservar esa frescura en el relató de tus vivencias infanto juveniles en tu natal tierra manabita....

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    1. ¡Gracias Giovani y bienvenido a este blog!. Lindo tu dibujo y recuerdo imaginario de la grada azul del estadio en Quito. Si lograra recordar todas las vivencias con esa flotas de amigos, donde tu papi Leonardo reunía a todos los amigos para partidos ven ciudades pequeñas. Ya llegará la época en que haré referencia al crack que catapultó a Alberto Spencer. Me emociona mucho cuando recuerdo aquellos pasajes que compartí y muchos de ellos fueron con Leonardo, quien tiene muchos tomos en ese libro. ¡Vivan Los Rígidos!. ⚽

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  9. Hola cuñado Milton.
    Sigo deleitada con esos pincelazos que nos cuentan tanta s vivencias redactadas por una mente privilegiada. Digo privilegiada porque recordar con tanta nitidez cosas que pasaron hace más de 80 años son dignas de un elogio.
    Me parece que haber estado envuelto en situaciones, a veces bastante peligrosas, su Angelito de la Guarda, siempre estuvo muy ocupado. A eso se suma la oportuna intervención de sus padres y la pureza de su alma.
    El Señor lo siga bendiciendo!!!!
    Su cuñada Susana.

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    1. Cuñada querida, al estar por llegar yo a los 94 del montón de páginas que tengo en el recuerdo, afloran con frecuencia palabras bondadosas como las suyas. Me entusiasma que siga este camino largo, en el punto de mira. Rodrigo papá, Kiko y Susy, ocupan bastante espacio en este baúl de recuerdos. Un abrazo cuñada.

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  10. Que grato leer tus vivencias .me encantan mi querido Milton.una vez más felicitaciones un fuerte abrazo Rita Alava

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    1. Gracias Rita por ser de las fieles seguidoras de este blog. Aun hay mucho que contar. Con cariño, Milton.

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  11. Dicen que recordar es volver a vivir, gracias por compartir partes de su vida, de sus vivencias, que tesoro papito bello. Lo amo

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    1. Gracias Cuatita querida. Este cariño incluye a Mike, a David y a Eli que son parte del círculo de mis seres queridos. Presencia como la suya en este blog, me anima a seguir. Muchos besos mija linda.

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  12. Como siempre , encantada de leer tus vivencias mi querido primo Milton me transportan a esas lindas playas de Cojimies y con ese estilo tan bonito es un placer leerlo
    Un abrazo mi querido Pinocho de tu prima Conchi , tu eterna admiradora

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    1. Querida Conchi, encantado de recibir tu mensaje y agradecerte. Quiero pedirte que si conoces a alguien de los antiguos en Cojimíes, le compartas este pincelazo, para que comenten y corroboren lo dicho. ¡y apàrtate que va el siete!. Pinocho.

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  13. ¡Mi comandante! Soy una de tus fans # 1. Gracias por tanta experiencia vital compartida. 💝🫂. Atenta al próximo pincelazos.

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    1. Saludos Paola. Le agradezco y estoy por publicar el séptimo. Un abrazo, Milton.

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  14. Grato saludar al amigo y esto es lo que festejo de las redes sociales que nos permiten saludar y conocer muchas cosas importantes e interesantes de amigos entrañables. Felicitaciones Milton por compartir sus vivencias. Ojalá el " Muñeco " y para quienes no saben quién es él se trata de Don Oswaldo Rodríguez Coll que debería escribir sus "memorias" igual de interesantes como la que acabo de leer. Yo me ofrezco a ser " El lazarillo" de las teclas, Fuerte abrazo y me indica como puedo seguir sus historias, la tecnología no es mi fuerte.

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    1. Querido amigo Jorge. Más de 30 años de amistad. Qué alegría recibir este mensaje. Hay mucho que contar y recordar. Ahora estamos ya en contacto directo. Te paso mi correo electrónico por si quieres que nos comuniquemos por ahí también. El whatsapp de mi hija está también disponible: corsino30@gmail.com y el (0034)680725932. Saludos mi buen amigo.

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  15. La historia es extraordinariamente bien contada y pensar que han pasado 80 años lo cual demuestra tu inmejorable memoria que hay que aplaudir. Cojimíes era hermoso en todos sus aspectos ya que al negoció de la familia llegaba gente campesina que le daba un toque de su propia naturaleza. Seguiremos esperando nuevos episodios de tus magníficos pincelazos. Un abrazo

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    1. Hermano, contigo estamos tan cerca en edad, que yo podría decir lo mismo de vos. Te agradezco mucho querido hermano. Me alegra que estos pincelados también nos mantengan en contacto. Te he estado buscando y esperando por skype.

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  16. Don Pinocho, cómo nos hace disfrutar con sus historias!! Disfrutar y aprender de una forma de vida que algunos no hemos conocido… Muchas gracias!!

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    1. Si no equivoco es nuestra Margarita vallisoletana....bienvenida a la tribu je,je,je..... Milton.

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