Décimo Tercero: Una prueba de amor
Faltando seis meses para la boda, en el año 63, yo había conseguido en Guayaquil cerca del astillero, un trabajo con una conocida empresa de bebidas gaseosas de ese tiempo llamada "Kola Gallito". Su administrador era un alemán-judío de nombre Harry Fletcher. Un personaje de cuidado la verdad por díscolo, arrebatado, con pocos modales y casi nada de habilidades sociales.
Mi función en esta empresa fue la de jefe de reparto y supervisor de vendedores. Me encargaba de organizar todos los camiones que salían a recorrer la mayoría de las provincias del Ecuador, seleccionar conductores, ayudantes y zonas de trabajo del equipo. Yo también era comercial del producto y me asignaba mi zona de trabajo para hacer el correcto seguimiento de todos los puntos.
En Ecuador sólo hay dos estaciones: verano e invierno. Estratégicamente, era muy importante suplir a las tiendas y distribuidores del producto, lo más que se podía a comienzos del invierno y que les durase hasta casi terminado el verano, porque esta bebida era mucho más conocida en los pueblos pequeños y no tanto en las ciudades grandes. Éramos competidores directos de Coca-Cola, Fioravanti y Pepsi Cola. Esta última fue la empresa que compró a Gallito años después para venderla con su sabor especial de piña y color amarillo. Un argumento comercial con el que competíamos contra los grandes, era que Kola Gallito utilizaba un jarabe de sabores que duraba más embotellado sin descomponerse que las otras marcas mencionadas y era verdad.
Resulta que un día el señor Fletcher me comentó que él tenía que hacer una gestión de un par de días en Quito en el feriado de noviembre. En Ecuador se celebra el día de los difuntos, como muchos otros lugares latinos. Mi jefe me invitó a viajar hasta la capital y pasar estos días de descanso. Yo tenía mi familia en Quito, así que aproveché el viaje para visitarlos y estar con ellos. De ida fuimos sólo los dos. Sin embargo, de regreso se añadió una mujer que hasta el día de hoy, no sé exactamente quien era. Este alemán, era alguien muy impetuoso y con un carácter terrible. Lo tachaban de loco, y yo puedo corroborarlo. Era un temerario en la carretera y para él no había límites ni para la velocidad ni para las maniobras en una carretera de dos carriles, en subida de montaña como era la cordillera de los Andes. Salimos desde Guayaquil y llegamos a Quito sanos y salvos, pero de vuelta, la cosa fue diferente. Llegando a las ruinas de Mocache en la Provincia de Los Ríos en la costa ecuatoriana, entró en una curva a 120 kilómetros de velocidad sin saber que al otro lado se encontraría un puente de hierro contra el que impactamos al entrar al mismo. Dimos una voltereta y volcamos. Como en las películas, se hizo un silencio breve. La mujer y yo quedamos frente a frente dados la vuelta y al intentar yo decir un palabra, sentí un dolor insoportable que era imposible de calmar. No perdí la conciencia. El paso de un autobus, llamados en Ecuador "Reinas del Camino" que son los que hacen los viajes entre provincias, unos minutos después del accidente y fue el vehículo que utilizaron para transportarme de vuelta hasta Quevedo, una pequeña ciudad cercana, ya que no era posible continuar en la misma ruta que teníamos porque nuestro vehículo quedó atravesado en la entrada del puente interrumpiendo el paso en ambos sentidos. De ahí consiguieron un taxi para llevarme hasta la Clínica Crespo en Guayaquil. El doloroso recorrido entre el accidente y el hospital fue de más o menos, ocho angustiosas horas. Una vez en la clínica, fui atendido con los medios de ese tiempo. Me hicieron varias radiografías, y el primer diagnóstico era que, según las lesiones en la columna, yo debía haberme quedado paralítico. Hicieron todas las pruebas de sensibilidad en mis pies con una pluma de gallina y una punta de aguja. Gracias a Dios y sólo puedo atribuirlo como un milagro, pasé toda la evaluación sin problema, aunque las imágenes del aparato pronosticaban lo contrario. Corrí con mucho más que suerte, Dios protegió mi vida.
La noticia del accidente llegó hasta Laura. Ella se presentó en el hospital con su papá, Don Jorge, en cuanto pudieron. Las primeras noticias en los pasillos era que la lesión de la columna era para quedarse paralítico. Su papá, ante tan terrible información, se llevó a su hija a un lugar aparte y a solas le preguntó: Usted ha escuchado sobre la posibilidad de que Milton se quede paralítico y ser una persona dependiente de por vida. Hija, aún y a pesar de esto, ¿Quiere seguir adelante con el plan de boda?. Su respuesta fue categórica y firme: pase lo que pase, yo me caso y me quedo con él. Yo estaba enamorado de ella, pero al saber su respuesta ante esta situación, estoy seguro que esa decisión selló mi amor por ella para siempre y hasta que el Señor nos diese vida. Los planes y preparativos de la boda tuvieron que postergarse.
De aquí vendrían seis meses de recuperación lenta. Me enyesaron desde el cuello hasta las rodillas. Sólo podía estar acostado. Era imposible sentarse. Necesitaba ayuda para levantarme y caminar un poco cada día. A esto se le debe añadir el clima de Guayaquil que es muy cálido y húmedo la mayor parte del año. El calor era insoportable y era complicado mantenerse fresco. Recuerdo los picores que me producía esta "armadura de yeso" en mi piel y cómo utilizaba un alambre para rascar el interior de mi espalda. Sin embargo y a pesar de todo, fui progresando poco a poco. En el hospital estuve sólo los primeros días, el resto del tiempo lo pasé en la casa de mis queridísimos tíos Teresa y Aquilino. A ella la llamábamos Teronga y los nietos la llamaban Manino. Mis tíos, junto a mis primos me cuidaron con mucho amor, me ayudaron a sonreír y las visitas frecuentes de Laura, fueron esa ayuda perfecta para mi recuperación. Teníamos un altar esperando por nosotros dos.
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| Mí tío Aquilino y mi tía Teronga, la Manino |
(por cierto,,,, la extraña mujer murió a los 15 días del accidente ya que ella ocultó lo sucedido y no recibió ayuda para sus heridas y lesiones. Dicen que tuvo una gangrena que la mató. A mi jefe, sólo le aparecieron unos golpes, pero quedó en su conciencia moral y ética lo sucedido).
*Un dato curioso: Mi papá Milton era hermano de mi tío Aquilino y mi mamá Dorita era hermana de Teronga, la Manino. Los hermanitos con las hermanitas :-)


Gracias a Dios! Y al cuidado amoroso de su familia, y sin duda a su voluntad de hierro. Mi doña Laurita querida, amorosa desde siempre.
ResponderEliminarQuerida Melissa, su comentario confirma la longeva relación de amistad que tenemos. Milton.
EliminarLlegó el día para leer sobre este accidente. Debido al sentido del resumen y no extenderse mucho creo que el autor le ha bajado el dramatismo que esta á historia tuvo. Cuando yo era niño y viajaba acompañando a mi padre en la carretera escuché esta historia con lujo de detalles. Creo que es uno de esos innumerables casos en los que la existencia de DIOS se hace presente. Afortunadamente todo salió bien y volvió a caminar sin problema, caso contrario, "SE IMAGINAN LA ZURDA QUE NOS PERDÍAMOS"
ResponderEliminarUn beso padre querido.
Yo me halago con recordar que el balón y yo a veces nos entendíamos. En el libro que escribí fui mas detallista. Besos hijo.
EliminarQue fuerte, tío. Desconocía esta historia. Gracias a Dios terminó todo bien y recuperándose. Y que fuerte también el amor de la tía Laurita. Abrazos. Jorge Marcos.
ResponderEliminarPor cierto, tío, recuerdo la fábrica de la cola gallito al frente del parque de la madre en Chimborazo y… creo que era. Ahí vivió, en ese mismo edificio, la tía Piedad con su familia. Jorge Marcos
ResponderEliminarMuy bien sobrino esa memoria. En los dos cerros de La Azucena y el de la Mancha Grande entonces sí que se quedará con la boca abierta cuando le cuente lo que pasó ahí... pero no puedo hacer spoiler como dirían ahora. ;-)
ResponderEliminarMuy presente la mano de Dios y lo q tenía preparado para una gran vida junto al amor de su vida. Que viva el amor❤
ResponderEliminarGracias Damaris, yo he comentado que me propongo tener conversaciones conmigo mismo y recordar las cosas que han pasado. Estoy consciente que hay cosas que aparentemente son imposibles de suceder, pero hay una amiga alemana aquí en Tres Cantos me dijo: por algo Dios lo ha protegido de tantas posibilidades de muerte que ha tenido, debe haber un propósito.
EliminarCuñado usted apachurra mi corazón con esas historias diáfanamente contadas , pero sobre todo , porque soy testimonio de que los milagros existen, nunca perdí la esperanza de que Dios me daría una nueva oportunidad de vida , y aquí estoy dando GRACIAS al Dios Poderoso y Misericordioso por tanta bondad a mi favor . Una historia de amor y resistencia a toda prueba . Gracias por deleitarnos cada día con sus vivencias.
ResponderEliminarEstrella.
Tengo curiosidad de saber si el señor Flecher tuvo la decencia , de apollarlo a usted por el daño causado por los meses que estuvo imposibilitado de trabajar , me refiero en la parte económica y moral. ?
ResponderEliminarEstrella
Cuñada, escuche esto: he sido corredor en automóvil y me gusta. Tuve un Alfa Romeo súper Julia73 que tenía 140 caballos de fuerza y rendía grandes velocidades. Mi familia dijo con este carro Milton se mata. Tenia 15 días de comprado y me dispuse a viajar a Ibarra a mi recorrido mensual, representando a Super-S. Tuve que ir a Tulcàn. Cerca de Guayabamba hay derrumbes de las montañas constante. Al bajar yo un carro venía en la otra dirección cargado hacia Quito. Al cruzarnos en el carretero, una piedra fue disparada por su llanta, hacia mi. Impactó en mi carro nuevo y al frenar de golpe se aplasta la tapa del radiador por el impacto. Hubo un movimiento raro y al fijarme por el retrovisor, vi el aceite del motor derramado en la carretera. Tuve que parar, ponerlo a un lado y dejarlo abandonado en el carretero. Viajé a Quito, regresé con una grúa y lo llevé hasta el taller especializado de Alfa Romeo. Así un viaje de una semana se convirtió en unas horas de emergencia. Al presentarme en el negocio que teníamos, mi mamá al ver mi semblante pálido y asustado, dijo: Dios puso esa piedra ahí, te salvó para evitar algo mucho peor.
Eliminarno el radiador.... sino el càrter.
EliminarHola tío, como cada pincelazo produce curiosidad por saber más, sin duda ha sido una vida plena de experiencias, que han aportado valores a su familia entera...
ResponderEliminarLo quiero mucho 🥰🌹
Gracias Pilica. Muchas gracias por las fotos de la Manino, mi tío Aquilino y la familia que me envió. Besos, tío Milton.
EliminarComo siempre me encantó la historia, sigue adelante querido primo. Un abrazo y bendiciones
ResponderEliminarQue bonita es la vida y que bonito es el amor de verdad!!! ♥️
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