Décimo Quinto: Conociéndonos mejor en Guayaquil
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| Monumento al niño betunero Inaugurado el viernes 31 de octubre del 2014. Está ubicado en la calle Panamá, en Guayaquil. |
Nuestra modesta y rápida luna de miel fue de tres días recorriendo la ciudad en la que empezaríamos nuestro caminar juntos.
Al cuarto día, nos levantamos y yo salí al mercado a hacer algunas compras de frutas, verduras y algo para comer. La verdad es que yo no le había preguntado a Laura si sabía cocinar y no tenía ni idea si a medio día habría algún tipo de almuerzo. De todas formas regresé a la casa, le dejé las compras y salí a hacer un par de gestiones el resto de la mañana.
A medio día, fue entrar a la casa y sentir un aroma muy rico. No tuve que preguntar nada ya que la mesa estaba lista para la comida. Nos sentamos juntitos en la sencilla mesa para seis personas, pero me llamó la atención que mi plato era abundante con una sopa riquísima y ella tenía un caldo líquido, transparente con un pedazo de yuca navegando a sus anchas en el plato. Cogí mi cuchara, probé la sopa con una sola cucharada y luego puse la cuchara de vuelta sobre la mesa y dejé de comer. Ella preguntó inmediatamente que qué era lo que pasaba, que si no me había gustado lo preparado, a lo que respondí diciendo: "Aquí vamos a comer todo lo que hay y comeremos lo mismo ambos". Todo sea dicho, Laura de niña, y ya de joven era melindrosa para comer según ella mismo lo reconoce y en cambio yo, todo lo que podía pasar por un plato mientras estuviese caliente, bien sazonado y con un poco de ají (salsa picante), era bienvenido: "En tu plato no veo ni las habas verdes, ni tu pedazo de costilla de chancho, ni el maduro o la bolita de verde (plátano macho en España)...". Laura se levantó, y regresó con su plato con todo lo que el mío traía, aunque en menor cantidad. Entonces comimos juntos nuestro primer almuerzo. ( Esta norma se mantuvo siempre en nuestra casa y se la estableció para todos los hijos desde muy pequeños. En el mundo hay demasiada injusticia y necesidad que es realmente un "caprichoso lujo" desperdiciar o despreciar el alimento que llega a nuestras mesas).
Laura heredó esas maravillosas manos y sazón de su mamá y para mí no hay mejor chef de cocina que ella con cualquier cosa que prepare. En mi libro "Camino Largo" hice ya esta confesión y declaración sobre este nuestro primer almuerzo: yo había llevado una mano de guineos mosqueaditos ( bananas ya bastante maduras) por si el almuerzo fallaba, y para no ofenderla, ese sería el postre.
En cuanto al pequeño apartamento al que nos mudamos, indicar que me había encargado de conseguir lo básico. Una cama para dos, un colchón nuevo. Laura se encargó de traer todo lo que eran sábanas y toallas de uso diario. Le compré una cómoda con su espejito para que se peinara y se arreglara como lo hacía siempre. Su sencillez al vestir y su belleza natural fue uno de los encantos que me enamoró de ella.
En la sala estaba la mesa y las sillas antes mencionadas, un pequeño mueble adicional, un sofá y pare de contar. La cocina era más bien pequeña y sólo había una hornilla con carbón que había que comprar todos los días al hombre de la carretilla que pasaba por el frente del edificio, algo muy típico por cierto en ese tiempo. Estábamos en un cuarto piso sin ascensor y con muchas escaleras. No había ni refrigerador (nevera) ni aire acondicionado, ni televisor o radio. Esta vivienda pertenecía al conocido escritor , periodista y profesor Ángel Felicísimo Rojas, y su esposa Doña Maruja quien cada vez que venía a cobrar el alquiler, elogiaba el excelente cuidado de su propiedad y todo era debido a Laura. No podían faltar algunas plantas y flores que ella cuidaba con muchos mimos. En todos los lugares que hemos vivido, la "selva amazónica" siempre nos acompaña por todas las plantas y flores que siempre han decorado nuestras vidas. Había un sofá y una pequeña mesa de centro. Al no tener ni refrigerador o congelador, la compra de la comida se debía hacer a diario ya que por el clima caliente de Guayaquil, era impensable tener comida perecible o algo cocinado de un día para el otro. Laura ha sido siempre excelente administradora y en la casa no se desperdicia nada. La verdad, no recuerdo nunca haber comido mal en mi casa desde que nos casamos cuando ella ha estado al mando. Con bastante frecuencia me sorprende con platos nuevos y aún ahora que vivimos en España.
Siguiendo con mi relato, el jueves 15 de Julio me reincorporé a mi puesto de trabajo en Kola Gallito. Mi esposa y yo nos movíamos en la ciudad en bus (colectivo o coleto le dicen en Guayaquil) ya que yo no tenía automóvil. Tuve el cuidado de ubicar una iglesia católica, la más cercana, para que ella pudiese continuar asistiendo a su misa de domingo de las seis de la tarde. Así me comprometí con Don Suasnabas. Mientras ella estaba en misa, yo la esperaba a veces conversando con algún amigo, o caminando cerca hasta que fuese la hora de recogerla. También, alguna vez me quedaba en la sala de billar y jugaba una partidita de "carambola libre". Solía aprovechar el tiempo para ir hasta la zona de los limpia-botas para limpiar el calzado. Se los conocía como betuneros por utilizar el producto de marca Betún. Un día de estos, los chicos que limpiaban las botas, estaban hablando entre ellos de personajes como Di Stefano, el Pibe Rial, o Pelé. Yo estaba sentado leyendo mi periódico mientras me limpiaban los únicos zapatos de salir que tenía. Resulta que un hombre que estaba sentado limpiando su calzado, se dirigió a los muchachos y con un acento muy español les preguntó: - estáis hablando de algunos jugadores, pero no he escuchado que nombraseis a Pepe Duarte.- Ellos respondieron rápidamente: - No, de ese no sabemos nada, debe ser de segunda división. Era el mismo Pepe Duarte, escritor y cómico de fama mundial en ese tiempo, quien tuvo ese diálogo con los chicos e incorporó esta cómica escena dentro de sus anécdotas y sketchs de su show alrededor del mundo.
En el fin de semana, cuando se podía íbamos a comer comida típica al Restaurante "El Flamingo" y luego, paseábamos por El Malecón con mi Laura enganchada de mi brazo.
Algún domingo por la mañana, también me iba yo a jugar un partido de futbol con un grupo que me había presentado Julio Martínez, jefe del departamento contable de "La Gallito". El lugar de encuentro era el Colegio para señoritas llamado 28 de Mayo, ya que los profesores varones eran los que armaban los partidos del fin de semana en ese lugar.
Mi inclusión en este equipo fue así: conocer a un grupo que ya tiene un tiempo jugando juntos es más difícil siempre, ya que el nuevo, no necesariamente es bienvenido. Este era mi caso por ser el nuevo. Jugábamos futbol 7 (es decir en cada equipo sólo pueden jugar siete personas), y el reglamento era que los primeros siete en llegar a la cancha formaba un equipo y jugaban con el otro equipo que se formase. Si alguien llegaba después de formarse los dos primeros equipos, debía esperar a formar otro equipo con los que fuesen llegando y se enfrentaban con el puntero de ese día. Julio Martínez tuvo la gentileza de venir conmigo la primera vez que fui a jugar y me presentó al resto de amigos. Cada día podíamos llegar a estar hasta 25 personas para jugar. Había un jugador frecuente de nombre Colón, que era un futbolista retirado. Era un hombre alto, de contextura fuerte y tenía una potencia en los tiros que había llegado a ser su habilidad y característica principal. Modestia aparte, mi habilidad era el ser ambidiestro. Al llegar me tocó con el equipo de Colón, que era el mandamás del grupo y su posición en el equipo era de centro delantero. Nuestro mi primer contacto fue más bien áspero. Él se dirigió a mí y me preguntó. " Y tú, ¿de que lado te pongo?". Yo respondí con honestidad: "puede ponerme en cualquier lado". A lo que él respondió: ¡Caramba!, el señor juega con ambas piernas. Señalándome con su dedo me dijo: Párate allá, y me puso en la punta izquierda. Dio inicio el juego, y me llegó la pelota casi enseguida. Amagué a patear con la izquierda, salió el defensa, le hice el enganche, lo adelante, me ubiqué y pateé el balón con la derecha y metí un golazo. El "amigo" Colón, dijo: ¡A caramba, el señor ha sido derecho!. Ponte entonces a la derecha y juega desde ahí. Yo obedecí. Volvió a mis pies el balón, hice un amago de patear con la derecha, volví a hacer un enganche y le di un zurdazo que hasta hoy lo recuerdo. Otro gol. Ese día ganamos el partido y desde entonces, fui Milton para todos y en los siguientes encuentros todos querían que estuviese en su equipo, incluido el mismo Colón quien luego fue uno de mis amigos ahí.
Así fueron los primeros días de adaptación como casado en Guayaquil. Pasaba de todo un poco y la verdad, fue un tiempo bonito, divertido y de mucho aprendizaje. También de madurez entre ambos como pareja y el cariño crecía más cada día. Mi amor por ella siempre ha crecido un poco más cada día, y hoy, después de tantos años puedo decir que ella ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida.
No teníamos ni un mes de casados, cuando tuve que empezar a viajar nuevamente a las provincias para cumplir mi trabajo y eso implicaba dejar a Laura sola toda la semana por mis viajes alrededor de Ecuador. Gracias a Dios, en Guayaquil estaban también mis tíos Aquilino, Teronga y mis primos que siempre se mostraron cercanos y cariñosos con ella. Mi prima Isabel fue de mucha ayuda para Laura y esa forma suave, risueña y dulce de mis tíos, la ayudaron mucho a ella en su adaptación. Laura se quedaba en su casa para que no estuviese sola tantos días en el apartamento.
Miro hacia atrás y recuerdo este tiempo de una nueva etapa con agradable nostalgia, ya que sin ser muy conscientes, empezamos a poner las bases de nuestro hogar con cosas sencillas, un compromiso firme y con un objetivo unánime entre ella y yo: Amarnos hasta el final.
(Estamos intentando ser lo más breve posible con cada historia para no cansar a nuestros lectores y es un esfuerzo grande el que hacemos, porque cada historia tiene muchos detalles que se escapan. Por amor a los lectores no ponemos todo, pero si algún día me tomo un café con usted, seguro que le puedo ampliar la información. MILTON).

Simplemente precioso ♥️!!!!
ResponderEliminarGracias Susana. Milton.
EliminarEspero que me invite pronto ese café que menciona al final del capítulo de hoy. Gracias por esta nueva entrega padre querido. Qué ironías de la vida, unos podían patear con ambas piernas y otros apenas nos podíamos subir al bus con una de ellas. Jajajaj
ResponderEliminarUn beso enorme a mi Jechu Bella y a la "Manito".
Espero que pronto me invite ese café.
Lo quiero. Mucho
Querido hijo, en octubre pienso tomarme 10 cafés con usted y con sus hermanos. Besos.
EliminarGracias, tío por este nuevo pincelazo lleno de amor. Concuerdo con esa denominación de la tía Laurita como la mejor chef. Espero poder tomarme un café con ustedes pronto, allá en la madre patria, estamos programando una visita, con la bendición de Dios. Jorge Marcos
ResponderEliminarUsted interviene y participa en este blog que el café igual lo paga usted o lo pago yo. jejeje. Mi vida entre 1973 hasta 1998 es una vorágine de acontecimientos. Ya lo verá. Tío Milton.
EliminarLinda historia de vida, también me gusta mucho la forma de redactarlo.
ResponderEliminarSaludos Pablo Ordóñez
EliminarQuerido Pablo, mi amigo a través de Facebook. Gracias siempre por sus bondadosos comentarios. Mi vida ha tenido altos y bajos por muchas situaciones y pasajes que para mí son un anecdotario digno de compartir. Un saludo amigo. Milton.
EliminarQue lindas son tus historias y que hermosos tus recuerdos de esa gran mujer con la que El Señor te ha Bendecido Un abrazo desde USA de tus amigos Eduardo y Blanche
ResponderEliminarMatrimonio amigo, juntos veremos más adelante la diferencia que en el mundo laboral compartimos tu y yo. Sólo hay que tener paciencia. Un caluroso saludo. Milton.
EliminarGracias matrimonio amigo. Juntos volveremos a vivir tiempos en común. Milton.
EliminarVaya comienzo de matrimonio querido Milton! todo un aprendizaje! De nuevo gracias por el esfuerzo de compartirnos tu historia tramo a tramo. Cuando publique el libro con vuestra historia completa yo te compro el primero con la condición de que me lo dediques. Un fuerte abrazo. José Luis Briones
ResponderEliminarLinda historia de amor mis queridos primos Milton y Laura , relatada tan bien con tanto cariño que es un encanto leerla . Un abrazo desde Bahia de Caraquez de tu prima y admiradora Conchi
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