Décimo Sexto: Azucena y Mancha Grande

Jabas de botellas de cristal

El lunes 19 de Julio había que retomar todo el tema de las rutas y los viajes a las diferentes provincias y ciudades de Ecuador. Como Jefe de Reparto me asigné la zona de Manabí dentro del plan para las siguientes semanas.  Me tocó el camión nuevo de la flota y no la "chatarra", que era un camión de uso exclusivo para ir a la zona de playa y pueblos muy pequeños. 
Su sobrenombre ya puede ayudar al lector a hacerse una idea de la condición de ese vehículo.  Como estaba establecido, los choferes o ayudantes nuevos de la plantilla, tenían que viajar conmigo en sus primeros viajes a manera de formación en el puesto y conocimiento del trabajo.  El mecánico principal nos recordaba siempre a toda la plantilla que estaba terminantemente prohibido cambiar el puesto de los conductores asignados previamente con el auxiliar o acompañante de viaje. El único que tenía esa "licencia especial" era el Jefe de Reparto, es decir, yo. 

Enrique Laca era uno de los choferes nuevos y con el que viajaríamos para cubrir la ruta de Manabí. Él conducía y yo iba de acompañante. También eran parte del equipo de trabajo, dos cargadores de las jabas/ cajas de botellas del producto. Con el fin de cubrir toda la zona de la provincia de Manabí, íbamos por una ruta, la de Jipijapa y debíamos volver hasta Guayaquil por la otra ruta, la de El Empalme de la provincia de Guayas.  

Me despedí de Laura y acordamos que ella se quedaría con mis tíos mientras yo estuviese ausente. Mis tíos y primos la recibieron con mucho cariño. 

Mi plan hasta fin de mes era intenso de lunes a viernes. El 26 de Julio debía recorrer la ruta de Manabí, por lo que estaba previsto que regresásemos a la instalaciones de Kola Gallito el viernes 30 de Julio.  La ubicación geográfica a la que hago referencia es importante ya que los caminos y carreteras de ese tiempo no eran de la misma calidad como las de ahora, y quienes hemos vivido en Ecuador, sabemos que muchos de estos caminos eran todo menos carreteras o autopistas como las que vemos ahora en la mayoría de países desarrollados. 

Mucho del recorrido estaba rodeado de precipicios y nuestra ruta era conocida por los temibles cerros "Azucena" y "Mancha Grande" (cerca de Portoviejo) a la que todo conductor con experiencia, les temía mucho por su peligrosidad.  Las carreteras eran solo de una vía en cada sentido, llenas de curvas y precipicios. Los límites de velocidad, realmente en ese tiempo poco importaban y había mucho conductor alocado que le daba igual todo. 

Fue así como salimos el lunes a primera hora los dos obreros adicionales para ayudar con la carga, el conductor Enrique Laca y yo como supervisor del equipo.  Aún cuando yo podía ser el chofer principal del camión cargado de botellas de cristal con el producto, decidí que sea el nuevo fichaje quien llevara el camión a manera de entrenamiento y prueba de sus habilidades como chofer de la plantilla.  Llevábamos un camión de seis toneladas con 500 jabas con botellas de cristal.  Entre los choferes manabitas había un comentario respecto a la zona por la que iríamos en este viaje, que decía que los vehículos que pasaban por ahí salían al día siguiente pero en los periódicos por lo peligroso y tenebroso del terreno.  

En este punto considero importante tratar de explicar al lector un tema relacionado con el funcionamiento del camión que llevábamos. Al ser un vehículo con carga pesada, eran dos partes la  que lo componían:  la cabina para 2 personas y lo que llamamos el balde que en ese tiempo era de madera, lo que completaba el vehículo.  Salimos muy temprano en la mañana ese lunes y fuimos completando la ruta marcada, hicimos las visitas correspondientes y así fueron avanzando los días. A media semana nos organizamos para ir a la Azucena y a Mancha Grande. El camión tenía 5 velocidades y el sistema dual, que para quienes no lo saben,  el uso de este sistema equivale a duplicar la potencia de la marcha del sistema de cambios, pero debe ponerse con buena sincronización, ya que caso contrario, neutraliza el sistema de cambios y se pierde todo el posible control del vehículo. Llegamos a una pendiente en bajada y aún cuando le advertí al conductor la importancia de descender con el sistema dual bien controlado y sincronizado para no neutralizar el sistema de cambios, él hizo justo lo contrario y neutralizó el sistema lo que dejó al camión en completo descontrol. Cogíamos cada vez más velocidad y la última vez que pude ver el tablero del velocímetro marcaba 120 kilómetros por hora. Recorrimos un trecho corto pero eterno por la tensión: el camión descontrolado y tomando cada vez más velocidad ha sido de las situaciones más horribles que he vivido y en las que sentido la muerte sobre mí. Puedo decir que YO VI LA MUERTE.  En ese descenso alocado de más o menos 30 metros, por mi mente pasaron imágenes breves de mis padres, mi mujer, mis hermanos, mis suegros, el dueño de la fábrica, mis tíos, mis primos y algunas personas más. Como escenas de una película a toda velocidad con las personas más importantes de mi vida hasta ese momento.  El camino era de muchas curvas. Fue un milagro que no viniese ningún otro vehículo en ninguna de las dos direcciones aún cuando era medio día y entre semana. La tragedia pudo haber sido mucho peor e involucrar a más personas inocentes.  A la derecha teníamos un precipicio del que nunca hubiésemos podido salir y la izquierda teníamos la imponente montaña.  Gracias a Dios el conductor optó por arrimarse a la izquierda y fuimos rasurando la ladera lo que ayudó a perder velocidad y aunque terminamos casi empotrados contra la montaña, el camión se detuvo. Antes de detenernos tuve el impulso de abrir la puerta de mi lado y lanzarme al vacío, pero no lo hice. Sin embargo el haber abierto la puerta antes del impacto final, facilitó mucho tener un espacio para salir cuando todo hubo pasado. 

Varios lectores me han recomendado hacer los relatos más cortos y por eso hoy he decidido dejarlos con la intriga de lo que pasó después.  Ya les adelantó que no me morí.  En unos días continúo con la segunda parte que como dicen aquí mis amigos españoles: "no tiene desperdicio".  Feliz tarde de domingo 22 de septiembre del 2024. 




Comentarios

  1. Saludos tío. No me imagino el susto. Estaré esperando el desenlace en el próximo pincelazo. Abrazo.
    Jorge Marcos

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  2. He leído con detenimiento este capítulo intrigado por saber si sobrevivió al accidente. Esperaré a la siguiente entrega para saber qué pasó. Por ahora le pido que se mire el ombligo y ya contando los días para volver a verlos. Lo amo padre.

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  3. Madre mía!! Milton, casi al borde de la muerte!! Un poco antes de la boda casi parapléjico!! Todo increíble!! Pero sigues ahí firme ( con los pequeños altibajos).Ánimo que todavía queda historia!! Un fuerte abrazo.

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  4. Como siempre interesante y quedo a la espera del siguiente relato y cuál fue el desenlace . Recién leo este capítulo por los cortes de luz que tenemos aquí en Ecuador , se va la señal y no se puede abrir . Como siempre excelente. Un abrazo de la prima Conchi

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