Décimo noveno: Santiago Videla, 231- Teléfono 246215

Yoryo, Berto (de pie), Tato
Marty y Laury 

Nuestro traslado de Guayaquil hacia Quito con mi esposa Laura y mis pequeños hijos Tato y Yoryo fue en 1969.  Como indiqué en el capítulo anterior, fue una decisión importante y necesaria con miras hacia el futuro y en búsqueda de abrir nuevos horizontes tanto familiares como laborales.  La empresa Molinos Champions, conocida como Super-S, se hizo cargo de todo lo relacionado con la mudanza de nuestras sencillas pertenencias hasta Quito.  No era la común o lo normal, que a un empleado se le tuviese tantas consideraciones de ayuda. Pero en mi caso, la empresa quería asegurarse de que mi traslado fuese en firme y todas las facilidades sirvieron para mi adaptación nuevamente en la capital.  Ahí me esperaba también mis padres y mis hermanos. 

No volví con las manos vacías. Entre muchas cosas, llevaba recomendaciones laborales de mis trabajos previos, lo que garantizaba en cierta manera el tipo de trabajador que era. Esto fue bueno, pero yo tenía claro que fuese a donde fuese, debía demostrar mi valía con el  trabajo honesto, responsable y  transparente que siempre me ha caracterizado.  Lo digo con humildad pero con alegría ahora que todo eso no son más que recuerdos reconfortantes de haber hecho muchas veces lo correcto, y que cuando cometí errores, tuve el valor para pedir perdón si era necesario, levantar la cabeza y seguir luchando por mí, pero principalmente por mi familia. 

Súper -S fue una gran escuela. Me mezclé con técnicos en avicultura de los que aprendí mucho, ya que yo era vendedor, y como tal tuve que aprender sobre el producto, las aves, sus enfermedades y sobre los productos que vendíamos para ayudar a los verdaderos profesionales en esa área. Me empapé de mucha información técnica al respecto y fui invadiendo el terreno de los veterinarios. Los entrenamientos de los vendedores eran no sólo en lo teórico, sino también en lo práctico.  Aprendí a distinguir entre gallinas y pollitos sanos y enfermos. También aprendí a degollarlas y hasta tuve momentos en que era quien recetaba la medicina para cada caso.  La política principal de la empresa eran sin lugar a duda las relaciones públicas y el buen hacer con las personas importantes de los lugares y negocios a los que íbamos. Debo reconocer también que el "relacionador público estrella" en esos tiempos eran uno o dos tragos de licor, y en ese campo debíamos ser muy cuidadosos. No todos los que estábamos lo fueron. Trabajé para esta empresa cinco años y medio. En este tiempo nacieron Roberto, Laury y Marty.  Gracias a Dios, Laura se adaptó bastante bien a su nueva vida en la sierra y estos cinco años de trabajo intensos, nos permitió empezar a construir nuestra primera y única casa en la capital en la Calle Santiago Videla, 231 en la Baker II frente a la ciudadela Kennedy con la línea de teléfono 246215 donde siempre nos encontraban a los Rodríguez Jara.  Fue nuestra casa por treinta y dos años que guardamos con mucha nostalgia y agradecimiento no sólo mi familia, sino muchos de nuestros familiares, amigos y vecinos a los que recordamos siempre y con los que tenemos historias inolvidables. 

Entre algunas de las cosas que recibí como vendedor de la empresa, fue mi primer carro, coche dirían en España.  Era un volswagen rojo intenso ( yo decía que era rojo coca-cola) en el que viajé por todo lado para la empresa, pero también para pasear con mi familia. Lo recibí cero kilómetros y lo cuidé lo mejor que pude porque esa era una de mis principales herramientas de trabajo.  Se me confió también como vendedor principal, mi primera tarjeta de crédito: Una Diner´s Club sobre la que rendía cuentas, pero que también me sirvió para un buen récord personal frente a los bancos. En ese tiempo tanto la palabra de honor como la buena imagen valía y contaba mucho. Los tratos eran de caballeros y los papeles eran importantes pero nunca sobre el nombre de la persona que firmaba o se comprometía en algún negocio, acuerdo comercial o promesa.  Había que ser transparente. El valor ético y moral iban por delante siempre. El apellido familiar también entraba en juego, ya que era parte de la herencia que un padre podía dejarle a sus hijos.  El buen nombre. Yo lo recibí de mis padres, y tenía claro que eso debía enseñárselo y dejárselo a mis hijos y como no, a los nietos. 

Estos años de arduo trabajo no impidieron que tuviese momentos para seguir practicando mi deporte favorito, así como el presenciar tantos partidos de fútbol que disfruté al máximo. Otra de las cosas que retomé a mi vuelta a la capital, fue mi asistencia cada domingo a los partidos en el estadio Olímpico Atahualpa, donde me encontraba en la parte sur del estadio con mi grupo de amigos y desde la cabina de retransmisión, los locutores de radio nos saludaban cada fin de semana.  Fueron años, muchos años de realizar una rutina que hasta parecía ritual. Presencié partidos magníficos, también otros que no valieron la pena y hasta más de una trifulca entre equipos. El estadio era mi tiempo de diversión y disfrute en muchos sentidos.  Un dato importante es que siempre me he considerado un aficionado del buen fútbol y la calidad del jugador,  independientemente de su origen o nombre. Pude ver a muchas estrellas nacionales y alguna que otra internacional jugar frente a mí. En mi próxima "paradinha" ampliaré este tema. 

(Este capítulo lo escribimos muy despacio ya que después de su caída hace unos días atrás, nos ha costado volvernos a sentar y recordar.  Este pincelazo humano es una buena terapia ocupacional y cada comentario de los lectores es ese refuerzo que mi papi agradece y necesita para continuar. Gracias por seguir ahí).  


Comentarios

  1. Es para tener en cuenta en las escuelas de negocios los valores que realiza y puntualiza Milton.
    Como se aprende con sus experiencias y que gran familia con Doña Laura a la cabeza

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    1. Que bien Milton que ya "has retomado la pluma o el boli", no nos puedes dejar a medias. Así que ánimo con el siguiente!! Un abrazo de José Luis Briones

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    2. Querida Patricia, con el reconocimiento a sus cariñosas palabras, gracias por su comentario.

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    3. Amigo José Luis, contigo tenemos el gusto de estar en contacto desde diferentes frentes, entre los cuales esta que compartimos secretaria. Un fuerte abrazo amigo. Seguimos siendo equipo.

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  2. Abrazo tío, que bueno poder leer un capítulo más de los pincelazos. Muy buenos recuerdos de las visitas a su casa en la Baker II. Jorge Marcos

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    1. Querido sobrino, como parte de esta familia, se que sus palabras son sinceras y vienen del corazón. Tío Milton.

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  3. Gracias padre por esta nueva entrega. Sé que usted no lo menciona por no preocupar a nadie, pero le quiero contar a los lectores que está escribiendo este capítulo después de unos días en que su salud no ha estado bien por una caída qué tuvo recientemente.
    Es bueno poder leerlo de vuelta y lúcido como siempre.
    Lo quiero mucho y mándele un beso enorme a la secretaria, que es también enfermera, ayudante y colega en este proyecto.
    Lo quiero mucho don Milton.

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    1. Gracias mijo, como digo siempre, soy el único embalsamado en vida gracias a las dos prolongadoras de vida Laura y Laury, que cuidan de mí con amor y esmero. Usted sabe que es cierto. Besos Mola.

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  4. Querido amigo, es un placer seguir leyendo esas formas de hacer negocios, esas carreras profesionales, esos valores. Ahora lo cuentas como si hubiera sido fácil pero estoy seguro de que ese traslado te llenó de preocupación por cómo iba a adaptarse tu familia a un entorno tan distinto. Sé por experiencia que es complicado.

    Un abrazo de tu amigo Enrique

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    1. Mi gran amigo Enrique, bien dices que por experiencia, sabes de qué hablo: lo difícil que es la tarea. Sin embargo, la voluntad y el compromiso con amor, solventan esas piedras en el camino. Laura mi esposa, fue el punto de partida de muchas cosas como el de conocer a grandes personas como tú y tu familia. Somos felices con tu amistad y cercanía. Saludos amigo.

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  5. Tio querido, me transporta a una época que solo podemos ver en películas 🎥, imaginamos la elegancia de un caballero, pero sobretodo los valores impuestos por una buena crianza y cariño, la ética laboral que nos ha servido de ejemplo, gracias tío por estas líneas, me sirven de mucho. Un abrazo gigante y todo el cariño que sabe que le tengo. Edgar, galladita.

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    1. Galladita, me halaga recibir calificativos como los que usted me dispensa. Son recuerdos gratos de la vida. Tio Milton.

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  6. Hola Tío Milton, yo, aquí como Nananina, esperando con mucha alegría cada pincelazo...

    Los quiero

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    1. Pili, eres parte nuestra. Entre tu papi y mi familia, hemos cruzado verdadera variedad de situaciones. Casi siempre envueltas en hilaridad. Besos. Tío Milton.

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  7. Querido tío, qué bueno volver a leerle y estoy seguro de que un blog aparte podría ser creado por parientes y amigos sobre todas las vivencias que experimentamos en esa linda casa de tres pisos.

    Por mi parte, hablaría extensamente de todos los juegos con los primos, las reuniones cuando iban familiares de otras provincias además del cariño y cuidado de mi tía Laurita. Mi habitación favorita era el estudio y para los que no conocieron la casa, era una sala donde usted grababa videos familiares y también donde los chicos se reunían para ver televisión. Había un pequeño balcón que daba a la calle.

    Debo admitir que a la edad 8 años, en el estudio, con Roberto disputábamos finales de mundiales por vía de penales: el juego consistía en enrollar un par de medias y lanzarlo contra el arco (la pared) y el sofá amortiguaba la caída del arquero. Si no me falla la memoria el que cobraba generalmente hacía de Zico y el que tapaba era el Pato Fillol. ¡Mil disculpas, tíos, si el mueble resultó adversamente afectado! En ese estudio, gracias a mis primos mayores, escuché por primera vez, música que me sigue gustando hasta el día de hoy.
    Mención aparte para el barrio en sí, donde había chicos de todas las edades además de los partidos de fútbol (reales e) inolvidables en las canchas que colindaban con el aeropuerto de ese entonces.

    En fin, en su casa siempre me sentí querido y protegido, además de haber aprendido valiosas lecciones.

    Kiko (eterno fan de AC/DC, Led Zeppelin, The Police, etc.)

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  8. Querido cuñado Milton,
    Nuestra relación se remonta a los años de vuestro comienzo con Laura. El cortejo, el amor, los encuentros, los desencuentros y el final feliz de esta historia.
    Siempre he admirado su tesón, su honestidad, su dedicación y amor por la familia, atributos que dejaron una huella.
    Huella sobre la que han caminado sus hijos, como un ejemplo de vida.
    Adelante con ese espíritu inquebrantable!!!!!
    Un abrazo enorme para usted y las dos Lauritas. Susana

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