Paradinha: Cuando vi jugar a Pelé en Ecuador
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| Tato, Yoryo y Laura en una tarde de paseo familiar |
Mi hijo mayor Milton nació el domingo 20 de marzo de 1966 en Guayaquil a las 11:00 de la mañana. Lo recuerdo, ya que ese día jugó el Atlanta en la capital contra la Liga de Quito. No era muy oportuno que yo viajara a ver el partido, ya que las prioridades son las prioridades. Sin embargo, me di tiempo para redactar y enviar un telegrama de ánimo a mis ex compañeros del Atlanta deseándoles lo mejor en ese encuentro.
Yoryo, el siguiente de mis hijos nació también en Guayaquil un día lunes 29 de mayo de 1967. Este día fue especial por eso, nuestro siguiente hijo ya estaba con nosotros y con él se cumplió el deseo que Laura y yo teníamos de tener hijos pequeños que se pudiesen hacer compañía.
Mi actividad laboral seguía siendo como comercial en la calle y viajaba siempre. Los familiares que estaban cerca fueron de mucha ayuda, ya que siendo honesto, yo no tenía experiencia con niños pequeños, pero el amor de padre, lo fui poniendo en práctica poco a poco cada vez que regresaba a casa y me encontraba a mis retoños bien cuidados por su mamá y con sus brazos extendidos al verme. Todo sea dicho: Tato fue muy mimado y sobreprotegido, ya que se mantenía el temor de perder otro hijo y nos dio muchas noches "toledanas" dirían los españoles. Noches interminables porque sólo dormía en los brazos de su mamá o en los míos. La llegada de Yoryo fue ese equilibrio que necesitábamos para empezar a poner límites y cambiar la estrategia. Dos personalidades muy diferentes de criaturas que fueron buena escuela para estos padres. Yoryo además, era una fiel copia de mí, no solo en lo físico, sino también en el carácter. Con ambos disfrutamos del Parque El Centenario, el Parque Chile y los juguetes de la época en el caluroso Guayas.
A nuestra vuelta a Quito, me reincorporé al grupo de amigos con los que jugaba fútbol. También retomé los encuentros con exjugadores con los que recordábamos el pasado y organizábamos nuestros propios partidos y torneos. Nos autocalificábamos como los "semiveteranos" para no estar ni en un lado, ni el otro.
Estoy seguro de que si en ese tiempo hubiésemos tenido la facilidad de tener una cámara de fotos a la mano como ahora, hubiese guardado el recuerdo gráfico de las dos veces que presencié y vi jugar a Pelé. Jugó en Guayaquil y en Quito. En un partido amistoso entre el Santos de Brasil y el Emelec de Guayaquil. M amigo Grimio Lor de Kola Gallito, su papá y yo, compramos tres entradas para el palco en el Capwell y así estar en una de las mejores localidades del estadio. El partido fue emocionante y la estrella que se lució como siempre, fue Pelé. En una de las jugadas del encuentro, centraron el balón y entre Cruz Ávila y el Chulla Gómez, el otro jugador de su misma estatura, se metió Pelé y después de dar un salto magnífico, el cabezaso terminó en gol. El suegro de mi amigo Grimio comentó: ¡Caramba!, si yo hubiese sabido como jugaba este jugador, le hubiese traído de regalo un cajón de mangos. ( Grimio era un conocido agricultor de mangos).
En Quito también jugó Pelé. Pero esta vez él venía lesionado por lo que poco tiempo después de haber empezado el encuentro, el entrenador solicitó el cambio de su jugador. Sin embargo, el público empezó a protestar y a presionar para que volviese al terreno de juego, ya que era a él a quien querían ver. Fue tal la presión y la tensión que hubo, que a Pelé no le quedó otra opción que volver a la cancha. El buen juego y la calidad brilló nuevamente en este partido.
También quiero contarles que por mi cabeza e intenciones estuvo el sueño americano. En el año 68, ya con mi esposa y mis dos primeros hijos, mi primo Lizardo Solórzano Vera, ex-gerente en ese tiempo de Electrolux pero que se había ido a vivir a Estados Unidos, me propuso que me fuera para esas tierras. Me dijo: "Primo, usted y yo vendemos hasta la estatua de la libertad". El ofrecimiento hizo brillar mis ojos. Tenía la ventaja de que la documentación legal para el viaje me la gestionaría desde Estados Unidos Lizardo y solicitaría una visa de trabajo como jardinero. Era necesario hacer un seguimiento muy minucioso de la documentación y sobre todo cumplir los plazos para no quedarse fuera de la solicitud. Como yo tenía que trabajar y viajar, contraté los servicios de un tramitador quien se encargaría de todo lo urgente y prioritario frente al Consulado de los Estados Unidos. Mi mujer y yo habíamos tomado la decisión de irnos. Sin embargo, el trámite se demoraba y nos estaba constando mucho dinero la gestión, así que decidí tomarme unos días para apersonarme y controlar mi gestión. Pero fue tarde, ya que el tramitador nos había estafado. No se había presentado la documentación y el dinero se lo había "feriado" como dicen en la costa ecuatoriana. Así ,el sueño se convirtió en una ilusión truncada. Pero de todo se aprende. Supe que si las cosas las quería bien hechas y a tiempo, las debía hacer yo mismo, y más cuando hay dinero de por medio. Un dinero que no era mío, sino de mi familia. Gracias a Dios, mi gran amigo, el doctor Ferdinand Hidalgo Rojas,un alto dirigente de la FIFA de ese tiempo, intervino y me ayudó a recuperar mi dinero y los honorarios.

Tío querido, a propósito de esto de los hijos, le cuento una anécdota mía. Cuando iba a nacer mi hijo Jorgito, acudimos con Edna a la última cita con el ginecólogo, y el doctor nos dijo que debido a la presión alta de Edna debía programarse pronto una cesárea. El doctor sugirió el siguiente Domingo a las 8 am. Yo medio en broma medio en serio le dije al doctor, del que yo sabía era un fanático emelecista “Doctor el Domingo jugamos con el Quevedo en el Capwell, no podría ser otro día?”. Y el doctor respondió “Es verdad, mejor el Lunes 8 am”. Y así fue.
ResponderEliminarSe ve querido Milton que el fútbol te corría por las venas (y te sigue corriendo aunque ahora lo haces más tranquilo desde casa. Tenías ilusión de ir a América y has terminado aterrizando en España, esa es la vida, así hemos podido entablar una muy buena amistad aunque yo no sea futbolero!!!!. Un fuerte abrazo. José Luis Briones. Postdata: a veces veo el fútbol...
EliminarTio Milton y Tia Lauri, son fascinates estas anecdotes. Siga con el pincelazo.
ResponderEliminarLe corre el fútbol por las venas y qué buena memoria tiene, para mí la quisiera.
ResponderEliminar👏👏