Quinto Pincelazo. Entre caballos, burros y mulitas
| Una mulita moderna, pero muy parecida a la original |
Durante el fin de semana era muy común que algunas familias de los alrededores viniesen hasta Cojimíes para pasar todo el día. Eran hacendados, gente de rancho o de ciudades más pudientes que la nuestra. Yo aprovechaba esos momentos, para llegar a acuerdos con los dueños de los caballos, las yeguas, las mulas o los burros para pasearme por el pueblo en su animal a cambio de una “mulita” que previamente me habían autorizado mis padres a entregar. En los momentos de descanso del trabajo en el almacén, era mi oportunidad para negociar y darme mi “baño de popularidad” por el pueblo. Me gustaba mucho cabalgar y pasear sobre estos animalitos. No recuerdo haber tenido algún accidente, lo que contribuyó a ese especial cariño por estas criaturas a las que quería y respetaba. Mi imaginación y libertad se ejercitaron con cada paseo en ese remoto pueblo ecuatoriano: Yo me sentía como una gran cowboy.
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| Imagen de la época |
Recuerdo aquella vez en la que un vaquero con muy mala reputación, de una hacienda conocida como "La Colorada", vino hasta Cojimíes a unas gestiones. Este personaje no calculó bien el tiempo y la noche empezó a caer sobre él —Es importante indicar que corría la voz en el pueblo de que era un criminal prófugo de la justicia—. Yo solía ir hasta la mencionada hacienda, ya que era un cliente importante del negocio de mis padres y su mayordomo, el señor Elías Centeno, me solía invitar con frecuencia para pasar unos días en la hacienda. Él decía siempre alegre: "llegó Don Pinocho" y me hacían un espacio en el cuarto de los peones donde se me permitía estar con los animales y en ese entorno. Había confianza mutua.
Continuando con el relato, la noche cayó sobre este delincuente quien, en realidad era un pobre ser al que su conciencia lo atormentaba como resultado de sus fechorías. La obscuridad de la noche empezó a caer y el miedo, casi terror, empezó a apoderarse de él. Me buscó y me invitó a ir a la hacienda y acompañarlo, ya que sabía mi gusto por ese lugar, pero en realidad era para no regresar solo. Yo le dije que tenía que pedir permiso a mis padres para ir. Hubo una conversación entre los adultos y fue mi papá quien me pregunto a mí, si yo quería ir y acompañar a esta persona. Como era de esperar, mi respuesta fue afirmativa. Sin embargo, el filtro de la "señora Dorita" había que pasarlo también. Mi mamá, como era de esperar, dijo un rotundo no. Ella no podía ni siquiera imaginar que su hijo se fuese a esas horas con esa persona. El delincuente se arrodilló frente a ella, lloró y le suplicó que diera su autorización. Mi mamá, hizo de tripas corazón, y aceptó que yo fuera su acompañante. Mi mamá le dijo a él que ella confiaba en Dios y que a mí no me pasaría nada, y que esta vez lo autorizaba pero que sería la única vez y no habrá otra. Fue así como cogimos rumbo hacia "La Colorada". Fui sentado en el anca del caballo y a toda velocidad nos dirigimos hasta la mencionada hacienda. Llegamos sin ninguna novedad en el frente.
Yo quería ir aunque cuando iba a pasar unos días en esa hacienda me tenía que levantar a las cinco de la madrugada. Esa hora no era un problema para mí, ya que como parte del equipo de trabajo, me tenían un caballo ensillado y yo me convertía en un vaquero que iba junto con el resto de peones a pastorear el ganado hasta los potreros donde se alimentaban, y pasábamos todo el día. Volvíamos a las cinco de la tarde y todos los peones teníamos que encargarnos de regresar a todo el ganado a sus respectivos potreros. Para mí todo esto era mi mejor aventura y lo mejor para hacer en un día. Cuando algún ternero o alguna vaca se separaba del grupo, el jefe de la cuadrilla daba una orden para salir en busca del animal. Alguna vez yo escuchaba el grito: "Don Pinocho, vaya a buscar a ese que se escapa". Me sentía feliz, importante, gigante... y volaba (mejor dicho, cabalgaba) con todas mis fuerzas y velocidad a cumplir la misión.
Una vez con todo el ganado en orden, regresábamos a la hacienda a guardar a los animales, sentarnos a descansar, reírnos, comer algo típico y dormir después de la tarea cumplida.
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Padre querido, gracias por esta nueva entrega. Por favor no deje de escribir estas anécdotas de su vida. Qué deleite volver a leer las historias que rodearon su vida.
ResponderEliminarLe mando un beso, por favor mírese el ombligo y ahora sí no me olvido de identificarme al final jajajaja
No sabía que mi amigo Milton aparte de ser futbolista, comerciante, etc. era montador de caballos, mulas y cuidador de animales. Cuando pueda que me traiga una Mulita "sin mucho alcohol" para montarla. Felicidades querido Milton. Un fuerte abrazo de José Luis Briones
EliminarAmigo José Luis, la longevidad me ha dado mucho para hacer en la vida. Algunas cosas de las cuales ni imaginé que haría, como por ejemplo cuando fui comentarista parlamentario para el periódico La Nación de Guayaquil. La vida da y quita y todas son oportunidades que se presentan cada día. Tendré cuidado con el grado de alcohol de las mulitas, para que no se nos suban a la cabeza. Su amigo Milton. Somos equipo.
EliminarMijo lindo, Molacho. El único que me pide que me mire el ombligo y bajar la cabeza para que se me vea 'la pelada' y recibir su beso es usted. Ya lo he hecho. Le agradezco.
EliminarOtro gran relato, tío querido. Una pregunta: Elías Centeno debe ser el primo de mi abuelo Jorge, con el que jugaban cartas en Guayaquil en los 70’s, verdad? Recuerdo que se reunían los domingos mi abuelo Jorge, mi tío Fernando, mi tío Manuel, Don Elías Centeno, y don Alejo Bermudez, a jugar Poker.
ResponderEliminar¡asi es mi querido Jorge Marco!. Habría que felicitarlo por recordar con detalle hasta el número de la cédula de identidad de todos los componentes de ese grupo en el que me incluía con relativa frecuencia. Un abrazo. Tio Milton.
EliminarDon Pinocho querido, que buena historia!
ResponderEliminarQue atenta para leer la próxima!!! Un fuerte abrazo para usted y su equipo editorial!! 🌷🌷🌷
Querida MELISSA, hace 14 años escribí un libro que recoge muchas de estas historias. Ahora gracias a la tecnología y a la ayuda de mi secretaria voluntaria, podemos llegar a más personas y generaciones. Me alegra saber que usted es de las lectoras fieles. Milton.
EliminarDon Pinocho, un abrazo (fdo: Gepetto)...qDtb...🤗
ResponderEliminarQuerido Gepetto español-tricantino, yo respeto su punto de vista. El abrazo cariñoso es para mi amigo y para su esposa a los que queremos mucho. 😍 Milton.
Eliminar"Don Pinocho" me había olvidado de ese apodo.
ResponderEliminarQue grato es seguir la historia de un ser querido como usted. Cómo dice Roberto, no deje de escribir sus anécdotas porque las estamos viviendo como propias. Es tan fácil cerrar los ojos y dejarse llevar a esos lugares, creo hasta oler el suelo.
Gracias tío Milton.
Para que no me ponga como anónimo... Soy Fernando Castillo Rodríguez.
El mejor de sus sobrinos si hay alguna duda.
Querido sobrino, ahora resulta que el poeta pintor es uno de los fieles seguidores y acompañante en este camino largo.Para su esposa y usted, mis respetos.
EliminarComo siempre me encantó la lectura de este pincelaso sobre todo porque habla de Cojimies y me traslada a ese pueblo tan bonito y pintoresco donde pase un tiempo inolvidable . Gracias primo querido .
ResponderEliminarCon cariño tu prima Conchi
Querida prima Conchi, es mas fácil llegar hasta una persona que ha estado por los mismos caminos y lugares que estoy mencionando porque puede corroborar mucho de lo que cuento. Fue otra época, pero fue otra realidad. Besos, Milton.
EliminarSus historias se están haciendo adictivas, a diferencia de las mulitas, 4 o 5 no son suficientes jaja, gracias por compartirlas. El nombre de Elias Centeno no lo escuchaba desde hace más de 40 años, es extraño como vienen nombres a mi cabeza, se me ocurre Arquimides entre otros, sus historias crean esa magia de transportar inclusive hasta lo más escondido de nuestras cabezas. Más que pinceladas parecen varitas mágicas que se reciben con amor de alguien tan especial como usted. Un abrazo gigante tío querido. Voy a estar esperando la siguiente y de ser posible, con el permiso de Dios, hasta tomarme una mulita con usted, sería 😁 genial
ResponderEliminarQuerido Galladita, "a mí me pasa lo mismo que a usted" como dice la canción. Por el olfato, por el tacto o por el oído, tienen el encanto de regresar al pasado y yo también al volver a leer lo que dije hace más de catorce años en mi primer y único libro, siento una alegría interna. Esto nos conecta más. Gracias por seguir comentando e intercambiando opiniones. Besos sobrino querido. Su tío Milton.
EliminarQuerido tío, nuevamente su relato fácilmente nos transporta a un lugar y época completamente diferentes. Los personajes con los que a Don Pinocho (por lo visto mucho más influyente que Don Corleone, ja) le tocó convivir son muy interesantes. Ahí le va un par de preguntas:
ResponderEliminar- ¿Qué edad tenía cuando montó un caballo por última vez?
- ¿Cuál fue el destino de ese pobre delincuente?
Kiko querido, me encanta el intercambio de opiniones porque uno revive lo propio y vuelve a pensar en opinión ajena. Respondiendo a su primera pregunta, a fines de 1944 debe haber sido la última vez que monté a caballo ya que fue el último año en que vivimos en Cojimiíes y después de eso nos fuimos a Guayaquil que era ya una ciudad más grande y con poco campo. En relación al delincuente aquel, no supe mucho más y no sé la suerte que tuvo..... lo más probable es que terminó en la "paila" de abajo para la eternidad o está en camino el pobre ser si no cambió su estilo de vida. Besos sobrino querido.
EliminarQuerido Milton .me encanta leer tus pinceladas.me recuerda a mi querido Calceta.el estacionamiento de los amigos de 4 patas al frente de las tiendas..un fuerte abrazo.Rita Alava
ResponderEliminarQuerida Rita, no solo en Calceta. También en Tosagua, en Junín y en más lugares de la época era normal que la gente completara su atuendo con un par de revólveres al cinto. Te recuerdo con afecto y prepárate porque vienen más historias de este tipo. Besos, Milton.
EliminarPadre bello, me encantan sus pincelazos, sus aventuras, sus historias de una vida llena de experiencias interesantes, ya espero la siguiente entrega y gracias por compartirlo♥️ lo amo con locura
ResponderEliminar¡ La Cuatita! .... más tarde que temprano aparecerá usted cuando llegue el momento conforme al recorrido casi cronológico que estoy haciendo. A estas alturas usted todavía no era ni proyecto. ja, ja, ja. Besos mija querida.
EliminarHermosos los 2 últimos pincelazos sobre tu estancia en Cojimíes es verdaderamente placentero recordar esos nombres que siempre distinguió a nuestra familia. Gente adinerada o de clase media que supieron brindarnos su amistad y entiendo yo que faltarán muchos PINCELAZOS para cubrir tu estadía en ese lindo pueblo. El recuerdo que tengo muy presente la cantidad de palmeras de coco que lo rodeaban. Felicitaciones Hermano.
ResponderEliminarGracias hermano querido. El recorrido está recién en sus inicios y vamos por 1942. Seguro que en cierto momento aparecerás con tu Aucas en varios pincelazos humanos que están por venir. Saludos y todo mi cariño, Milton.
EliminarSaludos Milton. Que grato sería una "mulita" con el "muñeco· Fuerte abrazo.
ResponderEliminarEstoy casi seguro que este mensaje viene de mi gran amigo Jorge Muñoz Abarca. Que alegría saber que estamos otra vez conectados. Siempre te recuerdo y siempre serás mi gran amigo. Las aguas revueltas se están clarificando y obligamos a la memoria a traer pasajes que hay que retomar. Estoy seguro que un día nos encontramos contigo y con el Patucho, David Juna .... ¿lo recuerdas?.....un fuerte abrazo amigo. Milton.
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